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Parecíamos tan felices!
Pero el malestar aumenta, y el enojo crece a la par de la tristeza. Se empieza a pensar si es tan desubicado pretender que uno también tiene derecho a estar bien. Si por estar bien uno, puede causar dolor a los demás, aunque los demás solo sean tres personas.
Y empiezan las preguntas. Para ellos, ¿qué será más importante, vernos bien o vernos juntos? Para ellos, ¿será fácil este ambiente tenso, aunque no haya discusiones ni peleas ni agresiones?…Ellos, ¿se darán cuenta que ya no nos reímos… que me voy a trabajar los sábados y los domingos… que no hay alegría en la casa? ¿Se darán cuenta que la madre no puede acercar la mano para hacerle una caricia al padre?… ¿Éste es el modelo de pareja que les estoy mostrando? …¿Éste es el modelo de vida que les estoy proponiendo… soportá, aguantá, callá, resigná?.
Hasta que un día uno se da cuenta que las cartas están echadas. Sólo es cuestión de tiempo. Lo que antes se hacía imposible, no debo, no quiero, no puedo y no sé como hacer, se transforma en no sé si debo, pero si quiero, si voy a poder, y ya veré como hago.
Como revertimos esto? Como volvemos atrás? Como recuperamos lo perdido?…. Querés recuperar lo perdido?
Con dolor, con tristeza, con enojo, con furia…no, ya no quiero. Ya no quiero mas, solo quiero terminar esto.
Lo que sigue, es tristeza. Es mucha charla, hasta que ya no queda mas nada por hablar. A veces es enojo, a veces furia. Es miedo. Es poner toda la atención en los chicos, hablar con ellos, mirarlos de frente y de reojo, buscar expresiones, señales y gestos. Aunque no hace falta hablar demasiado, son chicos, no tontos. Algún día, van a entender.
Ya está decidido. Donde dos no quieren, uno no puede.
Es el final, nos divorciamos.
…Nos miramos… hubiéramos querido permanecer abrazados y…
en cambio con una sonrisa, te acompañé por la misma calle,
te besé como siempre y te dije dulcemente:
la distancia, sabes, es como el viento:
apaga el fuego pequeño, pero enciende aquellos grandes.
Ella vivía en Lanús, tenía 16, y todavía iba al colegio. Él vivía por San Telmo, pasaba los 22, y pensaba en irse a Europa.
La vida los cruzó en una noche de fiesta, y los pocos meses que siguieron, fueron de encuentros inocentes, pero cargados de intensidad y de fuerza. Para ella fue el primer beso, el primer amor. Cada pórtico un descubrimiento, cada caminata de la mano una promesa, cada encuentro un volcán de sensaciones. Él no se animó a llegar mas lejos, ella lo intuía, lo presentía y se quemaba en la espera, sin animarse a más.
Pero el avión, los alejó.
Al principio, eran cartas desde lugares lejanos. Ella se las aprendía de memoria, y las compartía con sus amigas, aunque poco a poco, la distancia y el tiempo alargaron los meses entre carta y carta. Naturalmente se fueron diluyendo, y un día llegó la última. Quién fue el primero en dejar de contestar, no lo sabemos.
Mientras, la vida los llevó por caminos distintos. El recorrió lugares remotos y ella conoció otras voces. Finalmente se enamoró de otro.
Pasaron muchos años. Cada tanto aparecía una carta, desde lugares insólitos, y a veces, un llamado descolgado, quizás sobrepasado por la nostalgia. Ella embarcada en un matrimonio poco feliz y con su hijo, peleando el día a día, a veces se permitía pensar que sería de aquel que se animó a recorrer otros caminos.
Después de 33 años, ya felizmente divorciada, ella quiso saber que habría sido de él, donde lo habría llevado la vida, que haría de sus días. Y lo buscó. Y sabiendo que el que busca encuentra, lo encontró. En pareja, con 3 hijos, instalado en la vieja Europa.
Hoy, dos años después de ese reencuentro por la web, siguen escribiéndose. Se escriben cuando quieren y pueden, y escriben lo que quieren y lo que pueden. Él cree que ella lo encontró por casualidad, ella sueña con un encuentro en un lugar neutral. Mientras hubo llamados, pocos, pero intensos, y ella se animó a mandarle una caja llena de sabor argentino. Tímidamente, y hasta como por descuido, se mandaron fotos, y se hablan por chat.
Hasta acá la historia conocida.
Que pasa por cada uno de ellos, íntimamente y en sus momentos de soledad, no lo sabemos. Podemos imaginar que habrá curiosidad, ¿quién es hoy esta mujer de 50, era niña y hoy es mujer… y quién es él, hoy, a sus 56?
¿Qué sueños habrán podido cumplir, por dónde irán sus ansias, cuánto cabrá en la memoria, cuántas las ganas de volver a estar? … ¿Qué recuerdos se habrán despertado de aquellos meses, cuantos habrán estado dando vueltas a lo largo de todos esos años, en qué momentos habrán aparecido? ¿Quién es esta mujer que sale a la búsqueda de un pasado, y quién es este hombre que a la distancia se anima a enfrentarlo?
Y en estos dos años… ¿habrá habido noches desveladas con imágenes dibujadas por la fantasía, llena de diálogos inventados, imposibles, de preguntas sin contestar, de historias sin concretar?
Ella, felizmente divorciada, y él en pareja, se podrán volver a encontrar?
Leído en el diario de hoy:
“… Yiyo demostró ser, sobre todo, un buen oportunista. Es el dueño de Almar Eventos S.R.L., la empresa que le alquiló a precio de promoción las carpas al clan kirchnerista que se apostó en la plaza del Congreso.
El negocio, en apariencia, no le salió tan bien. Pero él lo ve como la salvación de su vida. Es que le hizo precio al oficialismo y terminó cobrando $28.000, por semana, por un total de seis carpas con servicio completo. Esto incluye televisores de plasma, sillas, equipos de energía y sonido, calefacción, pisos de madera tarugada y baños químicos.
… pero parece que Yiyo es un visionario. “Este es un negocio brillante. Yo lo ví, mis competidores, no. Este conflicto viene para largo. El lunes, seguro, renuevo el contrato”.
Ni lerdo ni perezoso, Yiyo se fue a la carpa de los ruralistas….”Qué lástima que no me llamaron; si yo tenía una carpa verde para alquilarles.” Igual, les trabajó la culpa y, por si se arrepienten, les dejó su tarjeta. …”
Grande Yiyo !!!
Confirmado… Argentina es un país de grandes posibilidades, al que le va mal, es porque es muy sonso.
La vida se transformó en una trampa, ¿Siempre fue así? ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué nos pasó? ¿Quién tuvo la culpa?
Porque no fue siempre así. Antes era distinto. Seríamos distintos nosotros también? O simplemente no podíamos verlo, o lo minimizamos, o lo justificamos, o lo callamos? Quizás cambiamos. Quizás afloró el verdadero personaje que llevamos dentro. Quizás dejamos de cuidarnos uno al otro. Quizás dimos todo por sentado. Quizás nos creíamos seguros. Quizás pensamos ya está.
Porque no siempre fue así. Hubo un tiempo en que uno era feliz, y no solo al principio. Lo bueno era muy bueno, y las pequeñas cosas que no iban, se callaban. Era la época de apostar a crecer, de apoyar, de entender, de dejar cosas de lado. Era la época en que fueron llegando los chicos, y verlos crecer era increíble, era más que suficiente. Se podía dejar cosas de lado, se podía resignar algunas, se podía soportar otras, se podían suplir las que faltaban. Puesto todo en la balanza, se podía vivir bien. A veces muy bien, a veces no tanto. Esto es así. De algunos temas se podía hablar, de otros no se podía, y de algunos otros uno no se anima. Y va aprendiendo que hay veces que ni vale la pena hablar. El otro no nos escucha, o se escuda en que el otro es así. Genio y figura hasta la sepultura, diría mi madre.
Mientras, van pasando los años, crecemos todos. Crecemos nosotros, crecen los chicos, uno se ocupa demasiado de lo cotidiano, corre todo el día, vive y padece el haber nacido argentino, trabaja, apuesta, pierde, sigue trabajando, se complica, se preocupa, se llena de problemas, y sigue trabajando, y lo cotidiano va tapando lo chiquito. En la corrida, nos creemos felices. Cada tanto uno vuelve a hablar de lo que se deja de lado, se resigna, se soporta o se suple, pero la respuesta sigue siendo siempre la misma, el otro es así. Ya te lo dijo mamá … genio y figura… te olvidaste?…. Y yo que?…y vos nada…dejémoslo de lado, no es el momento, con tanto problema dando vuelta… Vos calláte y seguí.
Y un día uno se da cuenta que a veces aparece el enojo, que desde hace un tiempo ya no tiene tantas ganas de apoyar ni de entender, ni de aceptar, y que cada vez cuesta mas eso de dejar cosas de lado, resignar, soportar o suplir. Que dejó de hacer algunos gestos de afecto, que algunas cosas ya no importan. Y lo peor, es que el otro parece que ni se da cuenta.
Parecíamos tan felices!

Los demás opinaron….