Cuando yo era chica, mi madre me arrastraba a misa cada domingo de mi vida, hubiera sol o lloviera a lo bestia, estuviéramos en casa o de vacaciones. Preguntarme si tenía ganas no entraba dentro de las opciones. Era así, se iba y sin chistar.
Cuando fui un poquito más grande, todavía me llevaba a la rastra, bajo las mismas condiciones climáticas, geográficas o de ganas, pera ya bajo protesta.
En esa época en que no había otra opción que ir, empecé a mirar con atención a la gente que me rodeaba en la misa, y fue el principio de un interrogante y una gran duda que me llevó muchos años resolver. Por ese entonces, escuchaba, miraba, analizaba y me cuestionaba.
Siempre me sorprendió, y mucho mas con el correr de los años al entender el real significado de las palabras, la oración “Yo pecador” …”yo me confieso… que pequé gravemente de pensamiento, palabra, obra y omisión“. Así, automáticamente y sin pensar mucho en las cosas de las que uno se puede estar arrepintiendo, lo que sea seguramente va a estar incluido dentro de lo que se piensa, se dice, se hace, no se dice o no se hace …. modalidad all inclusive ….. Perdonados entonces, ya que lo hemos confesado, podemos ir en paz!, hasta el domingo próximo en que volvamos a confesarlo otra vez. Y así semana tras semana. Mientras, se vuelve a ignorar el que está al lado y sufre, a desear la mujer o el hombre ajeno, se vuelve a mentir, coimear, serruchar el piso al compañero y demás pecados comunes o específicos. Sigo sin entender esta confesión expresa y colectiva.
También me sorprendía, mirando a los que me rodeaban, desde la compostura y el silencio impuesto por la misa y la mirada vigilante de mi madre, la comodidad (no sé de que otra manera llamarlo) de toda esa gente que mansamente acepta el legado de 2000 años de historia, tradición y mandato familiar, y se auto-definen como cristianos, con mi absoluta certeza que si un nuevo Mesías apareciera por estos tiempos, seguramente serían ellos los primeros en arrojarle la primera piedra y también llegado el caso, crucificarlo. Incluida mi madre, claro.
Con el correr de los años, ya no pudo arrastarme mas a misa, y entonces me preguntaba cada domingo si yo la iba a acompañar. Ante mi negativa, siempre mencionaba al diablo. Confieso (yo también me confieso) que hice mil intentos de ajustarme a los mandatos familiares… hasta llegué a tocar la guitarra en la misa de la juventud, los sábados a la tardecita. Pero no encajé nunca dentro de ese contexto, las cuestiones de fe llegan de dentro, y no de fuera.
Como es sabido, los caminos del Señor son infinitos, y las respuestas llegan por donde uno menos las busca y en el momento menos pensado, y entonces ya no importa demasiado la misa o el diablo, los rituales o los dogmas de fe. Alcanza lo que uno siente, tan particular y propio dentro de uno mismo. Y eso basta.
Ahora si, podemos ir en paz.



4 comentarios
Feed de los comentarios de este artículo
agosto 29, 2008 a 10:00 am
Gato
Ani, hay una frase que suele estar tallada en las entradas de los templos budistas. “Cien monjes, cien religiones”.
Cada uno toma de y da a la religion, lo que necesita.
Los casos de abusos son mas que abundantes, podria darte miles, de gente que va a arrepentirse los domingos, pone el contador a cero, y en la semana son unos hijos de puta. Pero el domingo, se confiesan y dan limosna.
Por suerte mi familia fue del tipo “si quiere tomar la comunion, que sea su decision”. Voy muy de vez en cuando a la iglesia, pero no a misa. Voy a sentarme un rato en silencio, a hablar conmigo, a sentir un poco de paz para ver las cosas con claridad.
La misa me parece idiotizante, insultante, arcaica. Salvo en raros casos, donde el cura es un tipo joven, piola, que alguna vez la puso y que por diversos motivos dedico su vida a servir a los demas.
No me extiendo demasiado pa no cansar… pero que de la iglesia puedo hablar dias… no hay duda.
agosto 30, 2008 a 5:39 pm
Natalia Alabel
Yo me voy a ir derechito al infierno: tomé la comunión porque había visto que a mis amigas les regalaron plata.
Bueno, no fue exclusivamente por eso, pero no puedo decir que no lo tuve en cuenta.
Recuerdo que el cura me preguntó qué pecados quería confesar. Yo tenía 10 años y más o menos me daba cuenta de que no había cometido ningún pecado taaan grave como para confesarle al cura, así que inventé un par un poco máz graves que pelearme con mi hermana menor y esas pavadas. (definitivamente, me voy a ir derechito al infierno)
septiembre 13, 2008 a 10:29 pm
LA TUCUMALA
te confieso que repeti catequesis, si, hice DOS AÑOS, y es al dia de hoy que no puedo recordar ningun rezo.
agosto 17, 2010 a 12:38 am
Juan Carlos de Palermo
Más que “confesión”, parece un desahogo respetuoso de quienes aún creen que nacen ya con un pecado y necesitan ser redimidos, arrodillándose y rezando o pagando indulgencias o sometiéndose a las valoraciones y formas de educar y relatos que vinieron imponiendo drásticamente los supuestos representantes de la Divinidad.