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Era veterinario de animales grandes, su trabajo de toda la vida había sido en el campo con vacas y caballos, hasta que un día se cansó del barro y las vacas, se compró una chacra cerca de Pilar, armó una empresa de productos para promociones, y le iba muy bien. Transmitía una imagen de bienestar, prosperidad y seguridad, era expansivo y muy extrovertido. Había tenido un primer matrimonio, que terminó en divorcio, y hacía poco más de un año  había quedado viudo de su segunda mujer, después de diez años de casados. Se lo veía muy bien, había quedado muy relacionado con los hijos de la esposa después que ella muriera, aunque ya eran grandes,  y eran como una gran familia. Al preguntarle de qué había muerto su esposa, si es que quería y podía contarlo, contestó:

 

- Se suicidó.

 

Difícil seguir hablando del tema, pero le pregunté… ¿estaba enferma?

 

- No.

 

- ¿Lo viste venir?….

 

- No.

 

- ¿Pero había signos… depresión…  algún indicio que te dejara ver que tu mujer estaba pasando por problemas importantes?… ¿se llevaban mal? …  ¿Estaban bien en pareja?

 

- No!  Estaba todo bien, éramos una pareja mas.

 

- ¿Y vos como estás?

 

- Yo estoy bien!

 

Dejando de lado que debe haber sido tremendo pasar por una situación así, que infierno debería estar viviendo ese hombre, con mil preguntas sin respuestas, sin posibilidad de conocer la verdad, nunca. Aunque él decía estar bien.

 

¿Es posible que se pueda convivir diez años con alguien, y estar ajeno a lo que íntimamente le está pasando al otro?

 

 

A ver si se quedan quietos un rato!!!!!

Llegó la primavera!!!… y festejamos el domingo con un asado en una ciudad (o pueblo?), a más de 100 km de Capital. El grupo, mayormente profesionales de la salud, salvo 3, de otros gremios.

 

En un momento, alguien cuenta que trabaja en el hospital, municipal o provincial, no sé que es, pero del estado,  que tiene “un sueldito de mierda” (1300$) y un cargo bastante importante. También cuenta, que su horario es de 4 horas, pero que solo se queda una hora y se vuelve a la casa.

 

Cuando escuché esto, me dieron ganas de levantarme. No sé si por cagona, por educación (¿educación?), por no querer generar un mal momento, por no conocer a la mayoría de los presentes, aunque supongo que cagona sería la mejor razón, me quedé callada. No dije nada, y seguí escuchando su relato, lo que transmitía… que piola que soy… soy una viva bárbara …y sintiendo la aprobación de los demás. Ninguno de los presentes dijo (dijimos) nada, ninguno hizo (hicimos) un mínimo comentario.

 

Me dio bronca, y tristeza. Bronca porque estoy segura que todas las personas ahí presentes, somos de las que nos quejamos del país que tenemos, de la corrupción del gobierno, de los empleados truchos, de los que cobran sus sueldos de senadores y diputados y están ausentes con aviso o sin aviso, y de todas las transas habidas y por haber, evidentes, ocultas o sospechadas. Debemos ser los promotores del doble discurso. Debemos ser, me incluyo.

 

Somos todos tan vivos… Tan piolas… hacé lo que yo digo y no lo que yo hago, y con ese discurso disociado vamos por la vida llenándonos de charlas de café, de odio pasajero (porque dura un instante) contra los que están de turno haciendo la de ellos… pero llegado el momento… ¿no haríamos lo mismo?.

 

Me dio tristeza porque no me animé a decir nada, y me sentí una cómplice más. Y por la certeza de que este país no tiene salvación, mientras esté lleno de gente como nosotros, los que hacen, los que apoyan y los que callan.

 

Relájate y goza. Somos muy vivos!!!!

Pensando, entonces, que quizás haya que conocer a 28, o quizás 53, hasta finalmente encontrar esa persona especial, estoy dispuesta a ponerme negra de tomar tanto café, y a  darle una oportunidad a la nueva tecnología. Seguramente habrá gente normal como yo, que busque lo mismo que yo, y que también crea que esta es una alternativa más. Quizás hasta sea divertido. Mientras, sigue la vida de todos los días, el trabajo, la casa, los chicos, los proyectos, la familia, las amigas, y cada tanto algún café.

 

Al principio, parece divertido. A veces, se pierde un poco el sentido de la diversión, y es en esos momentos en los que uno se repite que iban a ser 28 o quizás 53 hasta encontrar al hombre con quien ser feliz, y que no hay que perder esto de vista.

 

El primero en aparecer fue del grupo de los casados mutados en divorciados. Muy hábil (o yo muy confiada?), me despistó muy bien su disponibilidad para salir un sábado a la noche. En estos casos la verdad casi siempre cae sola en cuestión de días y enseguida queda blanqueada la “confusión”. El discurso, el esperable…pero habiendo atravesado una pareja que derivó en divorcio, muchas de las cosas que dijo no sonaba a discurso sino a fiel reflejo de la realidad…ya sabía de qué me estaba hablando, me reconocía en lo que contaba, y no pude hacer otra cosa que escuchar y prestar mi oído. Sabiendo que era otra cosa lo que yo quería, y que la opción de ser la tercera estaba totalmente descartada,  terminamos siendo buenos amigos. Sigo participando.

 

Después de ese primer café, hubo otros. Uno lee muchos mails, y haciendo una selección según los criterios particulares, se llega al café.

 

Entre café y café, descubrí que uno puede tener una idea o una imagen de la otra persona a través del intercambio previo, pero uno sabe casi en el primer minuto de conocer al otro cual puede ser la sintonía, y que esto difícilmente falla. Puede pasar que se tenga un intercambio de mails muy interesante, pero llegado el momento del cara a cara, se cae todo. Hay veces que el diálogo fluye y uno se siente cómodo de entrada, y tres horas pueden parecer veinte minutos. Otras veces hay como un muro bastante difícil de superar y veinte minutos pueden durar una eternidad.

 

 

Hubo algunos cafés y nunca más nada, la gran mayoría. Aunque las charlas fueran buenas y el momento agradable, quedaron solo en eso.

 

Muy pocas veces fueron café y una cena otro día. Y seguir participando.

 

Hubo veces que llegado el momento, ya no tenía ganas de ir, pero igual fui.

 

Hubo veces que llegando, hubiera querido no haber ido, o poder seguir de largo.

 

Hubo veces que fueron charlas muy divertidas, a veces muy interesantes.

 

Y hubo una vez, la última, cuando conocí al hombre con quien ser feliz ….. aunque eso fue bastante tiempo después, y es otra historia. Es la mejor historia de mi vida.

 

Después de ese día, ya no hubo mas cafés. Me encontré con el hombre con quien ser feliz, y hoy casi dos años después, es el hombre que amo.

 

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