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Al día siguiente me fui a recorrer la Roma Imperial… el Coliseo y el Foro Romano.
Impresionante!!! Si uno logra abstraerse de las miles de personas caminando, puede, un poquito aunque sea, llegar a imaginarse como era en aquel entonces. El lugar, enorme… y las preguntas que me surgen, muchas… una sociedad y una ciudad que estaba viva hace dos mil años, que se va transformando y mezclando con la que va creciendo con el paso de los años, edificios nuevos construidos alrededor de los viejos que van quedando como testigos de algo que fue y ya no es, y en medio, un bache de mil años… ¿en qué momento deja de ser un edificio en uso cotidiano para pasar a ser una ruina? ¿Cómo una ciudad absorbe a la otra sin inmutarse de lo que se va cayendo?… uno va caminando y de golpe aparece un panteón, un arco, una pared… no deja de sorprender! Y así conviven, uno al lado del otro, el Coliseo, y el monumento a Vittorio Emanuele II, el Altar de la Patria, una mole enorme, ostentosa y blanca.
En el foro romano, también muy grande, entre muchas ruinas están los restos de la casa de Nerón…que ahora también tiene su propia exposición: Nerón dejó de ser el malo de la película, para pasar a ser un tipo excéntrico, con gustos y tendencias algo particulares, quizás un poco torturado… pero más humano, el que después del gran incendio de Roma, ordenó su reconstrucción. Ahora, siglos después y con otra lectura de los hechos, parece que no era tan mal bicho, después de todo.
Saliendo del foro romano, crucé el rió, y me fui para la zona del Trastevere, un barrio lleno de callecitas, restaurantes chiquitos, rincones especiales y mucha onda.
Después de caminar casi todo el día, volví a Lido. Ese día ya no había huelga, y llegué a tiempo para ir un rato a la playa. El agua, seguía helada! … y Alguienmuyespecial seguía por el norte.
¿Qué me está diciendo este hombre?
¡Sciopero! ¡Sciopero! me repetía el de la boletería, cada vez más alto, como si el problema fuera que no le oía, en vez de ser que no le entendía. Finalmente se levantó, salió de la boletería y se acercó. I treni non funzionano, sciopero!
Primer golpe de desesperación, ya eran pasadas las diez y media de la noche y estaba varada en una ciudad desconocida, donde no entendía bien el idioma y sin saber qué caminos alternativos podría haber para llegar al hotel, lejísimo del centro de Roma.
Le pregunté como podía hacer para llegar a Lido, volvió a entrar en la boletería donde había otros dos charlando, y uno de ellos salió con ganas de ayudarme. Me preguntó de donde era… la palabra Argentina lo conectó directamente con Messi y con algún conocido que tendría por el cono sur, sciopero! nos pasan las mismas cosas!. Me pidió que lo esperara unos minutos, entró a hablar con alguien más, y volvió con los números de dos colectivos que salían de la ante última estación del metro y que seguramente iban para el lado de Lido. Allá me fui, agradeciéndole su ayuda.
Bajé en la estación indicada. A esa altura el metro ya no andaba por túneles, sino a la altura de la calle, y me encontré en un lugar desierto, donde no había nada! … una calle vacía, papeles arrastrados por el viento, sin edificación, solamente un negocio cerrado y oscuro. Nada más. Ni señales de una parada de colectivo, nadie esperando un bus, nadie caminando, nadie en medio de la nada. Caminé un poco, sin alejarme demasiado de la estación, hasta que vi llegar otro metro, y cuatro personas que bajaron, cruzaron una plazoleta que había y desaparecieron por el costado. Supuse que la salida estaría por ahí, y los seguí: había una escalera, que bajaba a una mini terminal de buses. Respiré aliviada, era acá donde tenía que encontrar el bus tal o el tal otro, y tarde pero seguro, llegar al hotel.
Me acerqué a la boletería, y pregunté para ir a Lido… No! … ya salió el último! y para ese lado no había más buses hasta las 6 de la mañana. ¿Y otro que me llevara cerca?… ninguno … el más próximo me dejaba a 10 km o una hora caminando.
¿Y un taxi?... no había taxis de noche!
En ese momento me pregunté quién me había mandado ir a Roma, y si esto no sería el castigo por ser mala madre … si había ido a Paris a visitar al monstruo… ¿qué necesidad tenía de haberme movido de ahí?… Dejando de lado recriminaciones, me di cuenta que tampoco tenía el teléfono del hotel.
Pensé las alternativas: volver a Roma con el metro antes que dejara de funcionar en la noche, y buscarme un hotel donde quedarme o un taxi que me llevara hasta Lido, pero las dos opciones, por la hora y la distancia me parecían complicadas. Esperando que me alcanzara el saldo que tenía en el celular, le mandé entonces un mensaje S.O.S. a Alguienmuyespecial, quizás desde allá lejos podría darme alguna idea de como salir de esa situación. Por favor llamame… sin saber si lo recibiría, si estaría ocupado, durmiendo o con el celular apagado.
Cinco minutos después, sonó mi celular: Alguienmuyespecial al rescate. Al tanto de la huelga de tren, parece que era a nivel nacional, le digo donde estoy, y él, que ya sabía el nombre del hotel a donde iba, me pidó que me quedara tranquila, que me llamaba en 10 minutos.
Diez minutos después me avisó que estaba buscando una navetta que me fuera a buscar, y 5 minutos más tarde me lo confirmó: una navetta venía a buscarme, pero iba a demorar una hora, hasta ese momento, que me quedara al lado de la boletería y tuviera mucho cuidado.
Mientras, seguía llegando gente a la terminal, en la misma situación que yo, y me sorprendió el buen humor y la resignación con que se tomaban las cosas… nadie protestó, nadie se quejó, como si fuera una situación más con la que hay que lidiar cada día, esperaban los buses que todavía andaban, uno cada 20 minutos, y se iban. Al rato llegó una pareja de franceses, iban para donde iba yo, la estación Stella Polare, y se encontraron con el mismo problema: no treno, no autobus, no taxi… Les avisé que yo iba para ese lado y que una navetta venía a buscarme …supongo que hoy seguirán preguntándose que conjunción estelar hubo esa noche que los rescató del medio de la nada.
La navetta llegó una hora después, y 45 minutos mas tarde me dejaba en la puerta del hotel, diciéndome que ya estaba todo arreglado, no tenía nada que pagar. Esa noche, muy pasadas las doce, mientras cenaba la única bolsita de maní que había en el frigobar de la habitación del hotel, le agradecí infinitamente a Alguienmuyespecial el haberme rescatado, deseando que de una vez por todas pudiéramos encontrarnos.
Lido di Ostia, la mañana siguiente:
Al día siguiente que se volvieron los chicos a Buenos Aires, me fui a Roma.
Saqué pasajes en una de las aerolíneas low cost, por muy pocos euros tenía el ida y vuelta a Roma. Mi única preocupación era que mi valijita entrara dentro del cajón de prueba del equipaje permitido, al lado del cual hay un cartel clarísimo: “Si no entra: lo pagás o no sube“.
Llegué cerca del mediodía, y me llevó un rato ubicarme y entender cuál era el recorrido que tenía que hacer para llegar a Lido di Ostia, una ciudad, casi un pueblo de playa, a 30 minutos en tren desde Roma, al que se llega haciendo combinación en una de las estaciones del metro. Compré un Roma Pass, que permite viajar en metro, tren o colectivo cuantas veces se necesite por tres días, y da el acceso libre a los dos primeros museos que uno quiera visitar. Por 25 euros, me pareció buena idea, más estando lejos de la ciudad con viaje obligatorio.
Con alguienmuyespecial habíamos hablado mucho, pero no habíamos logrado que concordaran los tiempos para un encuentro, y seguía sin saber si en Roma nos íbamos a poder ver, él vive y trabaja en el norte de Italia.
Me ubiqué en el plano y me fui para la playa. Preguntando se llega a todas partes, así que pasado el mediodía estaba instalada en el hotel, y antes de volver a la ciudad para arrancar mi aventura romana, me fui un rato a la playa. El agua, helada!!!
De vuelta en Roma, empecé por la plaza España , y de ahí a caminar por todos lados, pasando por lugares muy conocidos, como la Fontana di Trevi… impresionante!!! y descubriendo callecitas, monumentos, restos de ruinas romanas, columnas, paredes y hasta edificios enteros, como el Panteón, que van apareciendo por todos lados en medio de la ciudad mientras uno va caminando… todo espectacular.
En mi camino, me crucé con una manifestación de la sinestra ecológica,
más adelante con un acto político frente al panteón, muy simpático, con toda la onda y muy buena música, y siguiendo… con muchísimas heladerías de las que es difícil zafar … Imperdibles los helados de Roma, sólo les falta el de dulce de leche!!!
Cerca de las nueve de la noche, me puse a buscar el metro más cercano para volver al hotel, y acá fue donde empezaron mis problemas. Cuando finalmente encontré la estación del metro, pude tomar el último tren que pasaba hacia la estación donde tenía que cambiar de línea, que me llevaba a la otra estación por donde pasaba el tren. Cuando llegué ahí, todo estaba increíblemente oscuro y desierto, y al acercarme a la boletería donde había tres empleados charlando, uno de ellos me dijo una sola palabra, no sabía qué significaba, pero sonaba nefasta: ¡sciopero!
Ya instalados en el avión casi listo para salir, supe que no iba a ser tan sencillo como llegar y decir acá estoy. Un nudo en la garganta, que salió de no sé donde, las ganas acumuladas de ver al monstruo y a la más chica que hacía casi tres meses que no veía… de pronto fue demasiado. El viaje se me hizo larguísimo, y por fin, cuando llegamos a París, estaban esperándonos. El abrazo fue interminable.
Tomamos el metro hasta el departamento que alquilamos en un típico barrio parisino, el 10°, en la Avenida Parmentier. El edificio, de 1890, uno más del paisaje de la cudad. Un living y un dormitorio, y un pasillo al que da un cuartito minúsculo donde está el inodoro, al lado la cocina refaccionada a nuevo, y pasando la cocina el resto del baño: el lavatorio y la ducha. Equipado con todo, televisor de mil pulgadas, computadora conectada al televisor, y la sensación de que todo lo que uno busca o hace en internet es en cinerama, a la vista de todos.
Buscando información sobre el barrio, supe que el metro cuadrado de este edificio cuesta 8307 euros, y no es uno de los barrios más caros de la ciudad!!! a solo media cuadra del metro y de fácil acceso a cualquier lado.
Arrancamos así los días en Paris, los monstruos quisieron quedarse con nosotros y quedamos los seis instalados en el departamento, sofá cama y colchón inflable en el living, haciendo un poco de campamento.
Fuimos a muy pocos museos: Les Invalides, y el Museo de Orsay, dedicado a los impresionistas. Visitamos Versailles, aunque es un mundo de gente y termina siendo desagradable, casi imposible de caminar, y anduvimos mucho por la ciudad, tratando de ir por los lugares que están fuera de los recorridos turísticos.
Paseamos por las Galeries du Palais Royal, una serie de pasajes y galerías techadas, de fines del 1700, viejísimas, que van uniendo las calles por dentro de las manzanas y era por donde la gente se movía normalmente, esquivando la lluvia y la nieve y podía llegar del palacio a otras zonas de la ciudad. Hasta hace varios años eran lugares poco frecuentados o de muy mala reputación, pero ahora están siendo recuperados y pueden tener negocios muy raros o restaurantes muy particulares.
Hicimos picnic al borde del Quai du canal St. Martin, donde se junta mucha gente que lleva todo, todo!, para armar cenas al aire libre y al borde del canal, y se pasan horas charlando en el piso, comiendo y tomando, en un after office diferente.

Anduvimos en bicicleta por todos lados. Hay un sistema, el Velib, que por 1,70 euros por dia, o 30 euros anuales si uno es residente, puede sacar una bicicleta de cualquier punto de la ciudad, y devolverla en cualquier otro punto media hora después, y sacar otra cuantas veces quiera. La ciudad está preparada para los cliclistas, hay muchísimas bicisendas y a veces los carriles de los colectivos son también usados para las bicicletas, cosa impensada para Buenos Aires, y no importa la hora o el lugar, está lleno de gente en bicicleta. Recorrer así Paris tiene su encanto. Los peatones y los ciclistas son muy respetados, y está prohibido tocar bocina… lo que da una especie de impunidad para mandarse por cualquier lado y hacer algunas cosas que seguramente no sería demasiado seguro hacer en Buenos Aires.
Subimos a la torre por la escalera, la vista justifica los 720 escalones: Paris de noche y desde arriba es espectacular.
Comimos kebabs, croissants y pains au chocolat, anduvimos casi tanto en bicicleta como en metro, pasamos por el mercado de la Bastille y encontramos una especie de crepe libanés de nombre impronunciable pero riquísimo, tomamos helados en heladerías siempre llenas, hay que hacer cola, no importa la hora que sea, y también anduvimos de compras. Fuimos al cine a ver la última película de Woodý Allén… Midnight in Paris, especial para verla cuando uno anda recorriendo esta ciudad.
Encontramos algunas cosas insólitas, como estos muñecos colgados de algunos edificios.
A la semana de llegar, mis padres se fueron a Grecia, y la más chica de los monstruos, de vuelta a Buenos Aires. La despedida de los hermanos no fue nada facil, saben que quizás vuelva a pasar más de un año hasta que se vuelvan a ver… Confirmado, no me gustan nada las despedidas!!!
















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