Mi tía Irene, prima de mi papá, esa que tuvo una historia de amor complicado, es una mujer sumamente organizada.
Viendo que se estaba poniendo vieja, y sin hijos ni familia cercana, más que nosotros, decidió que cuando llegara el momento en que no pudiera vivir más sola en su departamento, se iba a ir a un geriátrico, donde sabía que iba a tener los mínimos cuidados necesarios, aunque no fuera el lugar más agradable donde vivir. Para mí, que decisión fuerte!!!
Así, en conversaciones con mi padre, decidieron hacer un estudio de mercado de los geriátricos posibles, ver cuál se acomodaba a sus requisitos, y eligieron uno. El día en que sintiera que la cosa no se podía sostener más en su casa, se iba a ir para allá.
Pasó un año y pico, sin ninguna novedad, hasta que la semana pasada, un día lo llamó, y le preguntó si ese día a las 5 de la tarde tenía algo que hacer. Mi padre, habrá pensado que la cosa venía de invitación a tomar el té, pero no, era para que la llevara a su nueva residencia!
Fueron mis padres, la ayudaron a juntar las pocas cosas que llevaba con ella, vaciaron la heladera, cerraron la luz y el gas, y recién ahí se dieron cuenta de un asunto que ninguno había tenido en cuenta: la perra!
Entonces me llama mi padre, me cuenta en que trámite están, y lo primero que le pregunto es que hacen con la perra… En eso estaban pensando, me dice, porque ese punto lo habían pasado totalmente por alto. La opción era un pensionado de perros, y estaba por llamar al veterinario que seguramente le sugeriría algún lugar donde dejarlo hasta encontrarle un nuevo hogar… y aún sabiendo que me metía en un problema importante, en mi casa nunca hay nadie en todo el día, y que lo que menos necesito es complicarme la vida con un nuevo miembro en la familia, me ofrezco para tenerla unos días en mi casa hasta encontrar la mejor solución.
A la media hora, salieron entonces en extraña expedición, mis padres, la tía Irene, el bolso con sus cosas y el perro, cerraron el departamento, y se fueron rumbo al geriátrico.
Desde ese día, la perra, una fox terrier llamada Blanca, está en casa.
El primer día se lo pasó sentada al lado de la puerta mirándola fijamente. La primera noche, la encontré durmiendo arriba de la mesa, y no encontraba la manera de bajar. La segunda lloró todo el tiempo, y ahora nos sigue por todos lados y se sienta al lado de cualquiera de nosotros, donde quiera que estemos. La llevamos a bañar, y descubrimos que es blanca en serio, no solo de nombre, y ahora cuando escucha un ruido, gruñe y ladra. No deja de ser simpático tenerla en casa!
Lo de la tía Irene, que tema! prefiero no pensar en eso ahora, ni mañana, ni nunca.
Lo de tener un perro en la casa, es tentador…toda mi vida tuve perros, grandes, enormes, pero haciendo vida de perros, con jardín y mucho espacio, bañándolos con manguera y agua fría, y sin ningún problema si la casa estaba vacía todo el día… pero así, es como un tema complicado. Mucho trabajo, salidas, viajes y mascotas, son palabras que no se llevan bien juntas. Y no sé si quiero, ¿o necesito? complicarme la vida.
Y para vos, ¿un animal en casa, es complicarte la vida, o ya lo tenés incorporado a tu vida? ¿Cómo lo manejás?




17 comentarios
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agosto 22, 2011 a 2:06 pm
winnie0
Siempre me han gustado los perros..pero me comprometería mucho tener uno en casa viviendo yo sola..además en un piso de Madrid no tendría un perro grande, que es lo que yo querría.
Creo que tener una mascota….acabará siendo algo real para mi. Acabaré con un gato…supongo.
Un beso
agosto 22, 2011 a 3:43 pm
Myriam
ay que cosita amorosa esa Blanquita ¿Qué edad tiene?… y la tía Irene, supongo que se ha despedido de ella ¿verdad?
En la actualidad aquí no tengo animales más que a mi misma. Y estoy bien así. Me siento más libre a la hora de viajar y viajo mucho. Antes si tuve, heredé el fox terrier de mi hija cuando se fue a estudiar a Francia, además tenía el mejor paseador de Buenos Aires. Tuve que mimarlo mucho, al perro, no al paseador, porque tuvo un duelo duro, pero lo superó. Eso si, era todo un personaje, encima doble del tamaño estándar aunque era de puro pédrigue. Mi hija actualmente tiene uno divino entre galgo y pastor alemán o sea raza “perro-perro” y es un dulce, pero en su casa.
Besos
agosto 22, 2011 a 4:42 pm
La viajera ecuatorial
Es un tema complicado. Yo “heredé” una perra de mi ex y es un poco las dos cosas. La tengo incorporado, pero también me complica la vida.
Besos
agosto 22, 2011 a 8:26 pm
Shunca
Vine a parar aquí por el blog de la viajera ecuatorial, espero no te moleste mi intromisión. Contestando a tu pregunta. Yo nunca tuve de niña una mascota. A excepción de un perro que estuvo en mi casa un mes, un pollo que estuvo hasta casi convertirse gallo y gatos que estuvieron hasta que mi tia se murió y ya nadie se hizo cargo de ellos.
Mi mascota llego a mi cuando fui voluntaria en Oaxaca, en México. Es una perra mestiza, cuyo nombre original era Valerie, la dueña (otra voluntaria) se había ido y la había dejado como mascota del lugar donde vivia. Paso a ser de todos y por ende de nadie. No la bañaban, de vez en cuando le daban de comer. A tal grado llego que le empezaron a apodar “La mugres”. Cuando llegue al lugar a mi no me gustaban los perros, mi mamá les tiene pavor y me heredo ese miedo. Con el tiempo ella y yo nos encariñamos.
Yo tenia un sin fin de ocupaciones en el lugar y ella me seguia a todos lados, a todos. Era una ciudad pequeña, bicicleta, así que podia andar libremente por las calles sin temor a que la atropellaran. Mi único temor era la jauría que salía a mi paso y que nos perseguia. Tenia que bañarla, quitarle las garrapatas, darle de comer, cuidarla (mas bien ella me cuidaba a mí).
Cuando entre a la universidad, llegue con mi mama a su casa y ahi la instale. Mi mamá, por suerte, se encariño. Y si ahora es otro relajo, la ciudad donde vivimos es más grande, Valeria o La mugres no puede andar suelta, hay que sacarla a pasear, hacerle la comida, ponerle el agua, limpiar las heces y los orines, bañarla, vacunarla, jugar con ella, evitar que muerda a los niños que van paseando por la calle.
Si tu viajas y andas de un lugar a otro, creo que lo mejor es encontrarle un hogar donde la cuiden y donde haya alguien que pueda dedicarle tiempo, cariño y espacio y sobre todo que la vea como una mascota y no como una carga o una futura molestia.
Suerte!
agosto 23, 2011 a 12:46 am
Carugo
Bueno, me encantaría pero es imposible.
Mi mujer dice que con un animal en la casa (yo) es suficiente.
Tengo muchas ganas de tenr una mascota pero no logrom convencerla por los mismos motivos que vos argumentás.
Besos
agosto 23, 2011 a 1:24 pm
Mai
Blanca es hermosa… pero es una complicación tener perros en casa. Porque además ellos sufren estando solitos. Hay que sacarlos a hacer sus necesidades, lavarlos, alimentarlos, llevarlos al veterinario… Y después uno se encariña y sufre si lo tiene que regalar o si le pasa algo, porque se vuelve parte integrante de la familia.
Fidel, el schnauzer mini de mis padres, se vino desde la Argentina con nosotros y se acostumbró al cambio de país, de casa a departamento, pero no se adecua al idioma… si le decis “andiamo” no se mueve ni ahí, se levanta y empieza a mover el rabito solamente al sentir “vamos!”.
agosto 23, 2011 a 1:52 pm
Asun
Pues yo, como posiblemente habrás visto en mi blog tengo una perrita que tiene un cierto parecido con Blanca —aunque me da la sensación que Xana es mas pequeñita— y está perfectamente incorporada a mi vida.
Por supuesto que he tenido que adaptar ciertos hábitos a su presencia y tenerla siempre presente. Pensar que tengo que elegir un sitio donde acepten mascotas cuando decido ir de vacaciones, o si no buscar alguien con quien dejarla unos días, llevarla conmigo si voy a pasar el día fuera, buscar un restaurante con terraza donde pueda llevarla… En fin, una serie de cosas que condicionan, pero el cariño que me da y los buenos momentos que me proporciona compensan con creces los pequeños inconvenientes.
Ahora que está enfermita y no puede andar mucho le he buscado la vuelta y la llevo en un carrito. Ella va tan feliz y yo también de no tener que cargar con ella en brazos.
Al final, si uno quiere y pone empeño, todas las situaciones tienen solución.
Un beso para ti y otro para Blanca, que por cierto, se la ve una monada.
agosto 23, 2011 a 3:57 pm
Marga
Yo siempre tuve perros de chica, porque a mi papá le encantan, pero ahora no tengo porque mi amado concubino no quiere animales en casa. Pero tengo pensado, para cuando sea viuda, traerme en gato, me gustan más que los perros, y necesitan menos espacio.
Si te gusta Blanca y no te representa problemas, quedátela, seguro que no te vas a arrepentir.
Saludos.
agosto 23, 2011 a 4:45 pm
Vesper
Y si es complicado, en realidad la situacion de Blanca es re complicada pobrecita !mientras leia ya me imaginaba que la perra iba para tu casa, pero cuando vi la foto….. cositaaaa, es re linda ! los animales son una complicacion pero dan tanto a cambio…
En cuanto a tu tía , parece triste , pero desd eotro angulo no esta mal ,la hermana de mi suegra esta en un geriatrico y vive re bien, esta cuidada , tiene con quien hablar, la sacan de paseo , le festejan los cumpleaños, es una vida distinta , pero no es una mala vida, quedarse solo en la casa y ser viejo no esta bueno, es preferible el geriatrico, y te digo mas , si ella pudo elegirlo mejor , nosotros no tenemos hijos y ese tema lo pensamos y si, iremos a vivir al geriatrico, es otra etapa de la vida ….
agosto 23, 2011 a 6:37 pm
minombresabeahierba
Aunque vivía en casa, nunca había tenido perro. A eso de los 20 años, mis vecinos que siempre tuvieron un boxer, una hija le dejó una perrita cocker negra que los hijos tenían de “juguete” y porque un día que le ataron las orejas del dolor mordió a uno de ellos, el padre el rompió una costilla de un escobazo y la exiliaron.
El tema es que el boxer se enamoró de la cocker, y se lamentaba de amor todas las noches, por lo que el vecindario no podía dormir.
Nos pidieron de tenerla unos días, y la cocker se quedó por diez años, inculídas tres maternidades.
Fascinada por la gente joven (le tenía terror a los chicos) fue compañera mía y de todos mis amigo/as, escuchando años por las noches Las Siete Lunas de Crandall con Betty Elizalde, durmiendo sobre mis pies en mi cama. Una vida feliz y paseandera.
Cuando nos mudamos con mis padres a un departamento y la teníamos que dejar sóla, se enloquecía, y no había tranquilizante que le diera el veterinario, que la calmara.
La regalamos a una señora que tenía casa con jardín, porque no la podíamos ver sufrir así. Fue duro, pero su recuerdo aún me acompaña.
Besotes
agosto 23, 2011 a 8:43 pm
Verito Molina
Primero lo primero: qué duro lo de tu tía! Pero es cierto que hoy es más común que la gente mayor comience a elegir su geriátrico con tiempo y cuando todavía está bien del marulo y de todo lo demás. Mi mamá, que es una persona muy joven para pensar en esas cosas, me machaca la cabeza con el asunto de que no quiere pasarse los últimos años mirando la pared y siendo una molestia, que ella es una persona sociable y blablablá, que la ponga en un buen lugar cerca de casa -hay que tener esa cortesía con las amigas del barrio que quieran pasar a saludar- y a otra cosa, nada de dramones ni de soledát ni de absurdo saquerificio. Y no sé qué contestarle, yo tampoco quiero pensar en esas cosas…
Por el lado de los canes, yo nunca fue bichera. Pero viste, a las palabras se las lleva el viento y cuando estaba por cumplir la cuarentena Carola vino a nuestras vidas y hoy es una más de la casa. Cuando viajamos (qué cierto es eso, hay palabras que no combinan bien) ella se queda en la guardería para perros (el colmo de lo ridículo es que tengo que solicitar la vacante con anticipación, porque puede no haber cupo… ¡chupate esa mandarina!) y a otra cosa.
Es increíble todo lo que hay que tercerizar con tiempo para tener una vida normal con los afectos: reservamos lugar en los geriátricos, en las guarderías, en los colegios (hay que buscar lugar para primaria cuando el crío todavía no largó los pañales…) ¿vos podés creer?
Mirá vos, el nombre “Blanca” resultó ser una identidad encubierta, che.
Beso grande.
agosto 25, 2011 a 12:13 am
Lola
Cuando era chica y tuve perro no era mayormente una complicación de por sí, la mayor complicación era que a mi madre no le gustan los animales. Pero hay que tener en cuenta que teníamos casa de veraneo, así que las vacaciones no eran un problema y con los viajes, que no fueron tantos de familia completa, había gente para hacerse cargo (de la familia y la señora que trabajaba en casa, que se veían todos los días y se querían mucho). Y además en casa casi siempre había gente.
Hoy en día no tengo mascotas aunque me gustaría. Principalmente el tema que se quede todo el día solo (para las vacaciones y viajes, la comisiono a mi hermana, que ya me debe muchas con lo que yo cuido a su gato cuando ella se va) Por otro lado mi hija es única y no creo que eso vaya a cambiar, y pienso que aunque sea una mascota “interactiva” le puede hacer mucho bien.
Dicen que los gatos se adaptan más a estar solos todo el día que los perros. pero no sé.
Respecto a Blanca, la verdad es que a mí ya me hubiera comprado con esos ojos y con la historia… digo, qué raro que no hayan pensado antes en ella, pobrecita! Hay que ver qué le pasa cuando está sola, por ahí está acostumbrada (no tanto a estar sola, pero por ahí la tía ya no le podía prestar mucha atención y era casi lo mismo)
Pero no es fácil perder la independencia (y cómo se relaciona con lo del geriatrico!) porque una mascota ata mucho.
En fin, sigo con la imagen de la tía Irene en el auto de tu papá yendo con su bolsito al geriátrico.
Besos
agosto 29, 2011 a 7:13 pm
Marcelo C.
La anecdota es divina. Me encantaria tener el tema de la vejez tan solucionado como Irene.
Tendria que haber sido más previsora con esto de adoptar una mascota que se contraponga con otra de sus decisiones de vida, pero bueno, queselevaahacer, no se puede tener en cuenta todo.
En cuanto a las mascotas, me parecen hermosas, adorables, tiernas, dulces, imprescindibles en cualquier hogar con chicos: pero en mi casa NONES!
No estoy nunca, sería un sufrimiento para la pobre mascota estar tantas horas encerrad@ en un dos ambientes. Y luego si es perro, por ejemplo: sacarlo a pasear, hacerle la comida, etc etc etc. Si es gato: muere en el mismo instante en que al arrimar una uña en mi sillón con jacquard levante con un hilo todo el bordado del almohadon. Lo amazzooooooo!
Asi que ADMIRO a la gente que tiene esa capacidad de amor para recibir abiertamente mascotas en su casa y darles un lugar digno y llenarlas de cariño.
En sintesis, tu flia es digna de admiración pero mucho mas “La viajera…” que heredo el perro DEL EX !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
agosto 31, 2011 a 3:35 pm
Gamar
Viví con perro toda mi infancia.
Después de casarme tuve, pero con las limitaciones de mi criterio. El perro donde debe estar y los humanos en su lugar. Aclaro que tengo casa con mucho jardín y lugar para las mascotas. Jamás las tendría dentro de mi casa. Eso es algo que siempre me hizo discutir con mis padres.
El que tiene animales dentro de su casa termina no dándose cuenta del olor que se va concentrando día a día pero los que vienen de fuera sí lo sienten. Me da una muy fea sensación.
Pero para muchos es una compañía irreemplazable y los hace feliz. Es muy personal.
Acá hay un dicho “Me cayó como peludo de regalo” Creo que le viene bien esa cita.
saludos
septiembre 4, 2011 a 10:06 am
Maria Mirta Lepetit
Yo soy empleada doméstica. Mi patrona les compró un perro a los chicos para el día del niño. Y ¿quién terminó haciéndose cargo del animalito? Yo, por supuesto. Ahora tengo que limpiar los regalitos que el cachorro deja por toda la casa. Mirá si me habrá caído como peludo de regalo (como dijo Gamar)
septiembre 8, 2011 a 10:25 pm
María Mirta Lepetit (Trapitos al Sol)
me alcanza con lograr exitosamente mantener a mis hijos humanos vivos.
septiembre 28, 2011 a 11:16 am
mercedesmolinero
Hemos tenido siempre en casa perro (hasta tres) siempre hemos pensado que eran buena compañía para los chicos, pero a la hora de irnos de vacaciones teníamos que dejarlo en una residencia canina que, todo hay que decirlo, nos salía mas cara que nuestro veraneo.
Un abrazo