Hay mujeres que logran formar parejas felices y otras que logran mantenerse en parejas infelices, por las razones que sean.

Y están las que no lograron ni estar ni parecer felices. Entre estas estuve yo.

Al principio es imperceptible, son pequeñas cosas o pequeños gestos. Uno los deja pasar, y a veces los justifica. Después es una sensación, un malestar que casi no se puede definir ni describir. Como que está en el fondo, un murmullo bajito. Se lo puede sentir, a veces se lo puede callar, y también, a veces, uno se puede engañar. Pero está.

Si uno lo puede hablar a tiempo, y si el otro lo puede escuchar y entender a tiempo, quizás haya salida. Sino, hay un camino lento, inexorable y sin vuelta. Termina siendo como una cuestión de supervivencia. Para que vos puedas ser vos, yo tengo que dejar de ser yo. Y así, a la larga no va.

Y llega el día en que uno se da cuenta que llegó a algún lugar, porque es verdad que uno llegó a donde se encuentra, con hijos, familia propia y ajena, que no corta pero pincha, propiedades (o no), emprendimientos en común (o no), y aunque en algunos aspectos se está muy bien, en otros se hace agua. Hasta que el agua llega al cuello.

Y piensa si eso es la vida. Eso es lo que pensó que iba a ser cuando tenía pocos años, cuando imaginaba lo que era la vida que vendría, lo que uno mismo mas la familia mas los amigos mas todos en general esperaban?  Y se pregunta si así va a ser el resto de la vida. Paren el mundo, me quiero bajar.

Entonces uno habla mucho consigo misma y a veces con amigas. Una se pregunta si está loca…. los chicos … la familia … los parto al medio. Piensa que no va a poder, que sigue creyendo en cuentos infantiles… que esto es la vida real, y que quién me dijo que iba a ser distinto. Algunas amigas le dicen “pensá en todo lo que tenés”. Uno piensa en todo lo que tiene. Otras le dicen que se acuerde del principio, que busque esas cosas que la enamoraron. Pero por mucho que uno busca, hoy no están. Y si están, están tapadas de otras cosas que no nos enamorarían, de momentos de desencuentros fuertes, de desamor, de tristezas y de enojos.

Pero se sigue pensando que no se puede, ni se debe, al menos por un tiempo más. Y mientras, no se soporta nada. Se pierde la paciencia. No se puede alargar la mano para hacer un gesto de afecto al otro. Le molesta todo, hasta la manera como come una empanada. Le molesta si hace algo, pero también le molesta si no lo hace. Uno se transforma en la gata-flora.

Pobre el otro. Puede ser que le esté pasando lo mismo, pero de esas cosas ya no se habla.

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