Uno se transforma en la gata-flora.

Puede ser que al otro, le esté pasando lo mismo, pero de esas cosas ya no se habla.

Poco a poco, ya no se habla de nada. Se empieza el día, escapando. Hace las cosas compartidas, como de memoria. Si es un día de trabajo, se refugia en eso, en lo cotidiano, los horarios y lo de afuera. Los espacios comunes, dejan de serlo. Quizás es el momento en que el otro empieza a percibir algo,  pero estamos a destiempo, y no le damos la posibilidad de acercarse, basta que entre por una puerta, para que salgamos por la otra.

Mientras, uno se sigue preguntando si se puede, si se debe. Pero no, todavía no se puede ni se debe. Aparece la tristeza y se siente que la vida es ridícula, que está todo mal, que todo es una farsa. Uno empieza a mirar alrededor, ahora quizás con otra mirada. Mira como funcionan las demás parejas, trata de entender lo que dicen entrelíneas, y solo ve lo negativo. De golpe somos una máquina de cinismo y ya no creemos en nada. Si vemos una pareja casándose, ahí mismo le vaticinamos final con fecha de vencimiento. Lo que nos pasa a nosotros, les pasa a todos. Nada tiene sentido.

Y se sigue cayendo mas bajo, nos gana la tristeza y el silencio. Viajamos juntos en el auto, pero cada uno mira para un lado distinto, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. El otro se hace invisible, aunque está ahí, quizás sintiendo como nos alejamos de a poco, capaz sin saber que hacer, capaz sin poder hacer nada. Quizás no quiera hacer nada. Tampoco le damos la posibilidad,  estamos en la vereda de enfrente. Nos miramos de lejos.

Pasan los días, terriblemente iguales, y parece que todo se trastoca: el lunes es el mejor día de la semana, y el viernes es el preludio de un fin de semana difícil. Si podemos irnos a trabajar sábado y domingo lo hacemos, siempre encontramos algo urgente por hacer, si nos proponen  una escapada o un viaje, no aceptamos, las excusas sobran: el trabajo, los perros, la casa. Uno le escapa a los momentos de enfrentarse y de intimidad, los dos en el mismo cuarto es demasiado. Un fin de semana largo es una pesadilla y si hay un feriado, por favor que caiga en domingo.

Uno se refugia en la tele, en la música, en los libros. Todas las canciones hablan de lo que nos pasa, todas las letras nos representan, con todas nos sentimos identificadas, pareciera como que las demás no existen, no las registramos. Empezamos a pensar que hay cosas que ya nunca mas vamos a vivir, y nos gana el desasosiego. Nos damos cuenta que para muchas cosas es el nunca más. Y el peso de ese nunca más, nos aplasta. Nos acordamos de muchas sensaciones que vivimos, y tomamos conciencia que es algo que nunca jamás volveremos a sentir en la vida.¿Infantiles? ¿Inmaduras?  Y deseamos tanto un abrazo, una caricia o un beso, que hasta duele. Pero no podemos hacer nada por acercarnos.

La vida se transformó en una trampa, ¿Siempre fue así? ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué nos pasó? ¿Quién tuvo la culpa?

Yo no. En ese momento,  eso creía.

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