La vida se transformó en una trampa, ¿Siempre fue así? ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué nos pasó? ¿Quién tuvo la culpa?

Porque no fue siempre así. Antes era distinto. Seríamos distintos nosotros también? O simplemente no podíamos verlo, o lo minimizamos, o lo justificamos, o lo callamos? Quizás cambiamos. Quizás afloró el verdadero personaje que llevamos dentro.  Quizás dejamos de cuidarnos uno al otro. Quizás dimos todo por sentado. Quizás nos creíamos seguros. Quizás pensamos ya está.

Porque no siempre fue así. Hubo un tiempo en que uno era feliz, y no solo al principio. Lo bueno era muy bueno, y las pequeñas cosas que no iban, se callaban. Era la época de apostar a crecer,  de apoyar, de entender, de dejar cosas de lado. Era la época en que fueron llegando los chicos, y verlos crecer era increíble, era más que suficiente. Se podía dejar cosas de lado, se podía resignar algunas, se podía soportar otras, se podían suplir las que faltaban. Puesto todo en la balanza, se podía vivir bien. A veces muy bien, a veces no tanto. Esto es así. De algunos temas se podía hablar, de otros no se podía, y de algunos otros uno no se anima. Y va aprendiendo que hay veces que ni vale la pena hablar. El otro no nos escucha, o se escuda en que el otro es así. Genio y figura hasta la sepultura, diría mi madre.

Mientras, van pasando los años, crecemos todos. Crecemos nosotros, crecen los chicos, uno se ocupa demasiado de lo cotidiano, corre todo el día, vive y padece el  haber nacido argentino, trabaja, apuesta, pierde, sigue trabajando, se complica, se preocupa, se llena de problemas, y sigue trabajando, y lo cotidiano va tapando lo chiquito. En la corrida, nos creemos felices. Cada tanto uno vuelve a hablar de lo que se deja de lado, se resigna, se soporta o se suple, pero la respuesta sigue siendo siempre la misma, el otro es así. Ya te lo dijo mamá … genio y figura…  te olvidaste?…. Y  yo que?…y vos  nada…dejémoslo de lado, no es el momento, con tanto problema dando vuelta… Vos calláte y seguí.

Y un día uno se da cuenta que a veces aparece el enojo, que desde hace un tiempo ya no tiene tantas ganas de apoyar ni de entender, ni de aceptar, y que cada vez cuesta mas eso de dejar cosas de lado, resignar, soportar o suplir.  Que dejó de hacer algunos gestos de afecto, que algunas cosas ya no importan. Y lo peor, es que el otro parece que ni se da cuenta.

Parecíamos tan felices!

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