…Nos miramos… hubiéramos querido permanecer abrazados y…
en cambio con una sonrisa, te acompañé por la misma calle,
te besé como siempre y te dije dulcemente:
la distancia, sabes, es como el viento:
apaga el fuego pequeño, pero enciende aquellos grandes.

 

 

Ella vivía en Lanús, tenía 16, y todavía iba al colegio. Él vivía por San Telmo, pasaba los 22, y pensaba en irse a Europa.

 

La vida los cruzó en una noche de fiesta, y los pocos meses que siguieron, fueron de encuentros inocentes, pero cargados de intensidad y de fuerza. Para ella fue el primer beso, el primer amor. Cada pórtico un descubrimiento, cada caminata de la mano una promesa, cada encuentro un volcán de sensaciones. Él no se animó a llegar mas lejos, ella lo intuía, lo presentía y se quemaba en la espera, sin animarse a más.

 

Pero el avión, los alejó.

 

Al principio, eran cartas desde lugares lejanos. Ella se las aprendía de memoria, y las compartía con sus amigas, aunque poco a poco, la distancia y el tiempo alargaron los meses entre carta y carta. Naturalmente se fueron diluyendo, y un día llegó la última. Quién fue el primero en dejar de contestar, no lo sabemos.

 

Mientras, la vida los llevó por caminos distintos. El recorrió lugares remotos y ella conoció otras voces. Finalmente se enamoró de otro.

 

Pasaron muchos años. Cada tanto aparecía una carta, desde lugares insólitos, y a veces, un llamado descolgado, quizás sobrepasado por la nostalgia. Ella embarcada en un matrimonio poco feliz y con su hijo, peleando el día a día, a veces se permitía pensar que sería de aquel que se animó a recorrer otros caminos.

 

Después de 33 años, ya felizmente divorciada, ella quiso saber que habría sido de él, donde lo habría llevado la vida, que haría de sus días. Y lo buscó. Y sabiendo que el que busca encuentra, lo encontró. En pareja, con 3 hijos, instalado en la vieja Europa.

 

Hoy, dos años después de ese reencuentro por la web, siguen escribiéndose. Se escriben cuando quieren y pueden, y escriben lo que quieren y lo que pueden. Él cree que ella lo encontró por casualidad, ella sueña con un encuentro en un lugar neutral. Mientras hubo llamados, pocos, pero intensos, y ella se animó a mandarle una caja llena de sabor argentino. Tímidamente, y hasta como por descuido, se mandaron fotos, y se hablan por chat.

 

Hasta acá la historia conocida.

 

Que pasa por cada uno de ellos, íntimamente y en sus momentos de soledad, no lo sabemos. Podemos imaginar que habrá curiosidad,  ¿quién es hoy esta mujer de 50, era niña y hoy es mujer… y quién es él, hoy,  a sus 56?

 

¿Qué sueños habrán podido cumplir, por dónde irán sus ansias, cuánto cabrá en la memoria, cuántas las ganas de volver a estar? … ¿Qué recuerdos se habrán despertado de aquellos meses, cuantos habrán estado dando vueltas a lo largo de todos esos años, en qué momentos habrán aparecido? ¿Quién es esta mujer que sale a la búsqueda de un pasado, y quién es este hombre que a la distancia se anima a enfrentarlo?

 

Y en estos dos años… ¿habrá habido noches desveladas con imágenes dibujadas por la fantasía, llena de diálogos inventados, imposibles, de preguntas sin contestar, de historias sin concretar?

 

Ella, felizmente divorciada, y él en pareja, se podrán volver a encontrar?

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