Haría un año que nos habíamos casado, y vivíamos en Belgrano, en un departamento alquilado, en el piso 9.
Una mañana, pensando quizás en la cena de la noche, puse cuatro huevos a endurecer.
Al rato me fui. Tenía un turno en el médico y mas tarde me encontraba con una amiga. Entre café y café, cerca de las seis de la tarde, me acuerdo!!!!!!
Los huevos.
Salgo volando, como si el tiempo pasado desde las 11 de la mañana a las 6 de la tarde, me diera margen para hacer algo. Tomo el primer colectivo que pasa. Cuando estoy cerca de Pampa, con el corazón latiéndome a mil, miro a ver si el edificio está entero.
Si, está entero. No parece incendiado. Respiro un poco mas tranquila.
Me bajo del colectivo y corro hasta la puerta del edificio. (para que corrés???) Todo se ve normal… que alivio!!!
Llamo al ascensor, subo al piso 9 … Un policía parado en la puerta de mi departamento … uyyyyyyyyyyyyyy ….sonamos….¿Habrá muerto alguien?… Temblando me acerco al policía.
– Usted vive aquí? (con cara de policía con pocos amigos)
– Si…. Puse unos huevos en el fuego y me olvidé. Pasó algo? … pasó algo???… Bochorno total.
– Vinieron los bomberos…cortaron el tránsito… le rompieron la puerta, por eso me encuentro en este lugar.
– Pero se quemó algo?
– Pase y mire.

En la cocina, cuatro carboncitos de dos por dos dentro del jarrito todo negro, y las paredes un poco negras. Nada más.

El policía se fue, dejándome los huevos quemados y el departamento sin puerta. Me pongo a buscar a Memo, mi gata. No está por ningún lado, reviso todo, me asomo por la ventana a ver si presa de un ataque de pánico saltó por la ventana y se estrelló en el patio de abajo… pero no, no se ven restos de gato estrellado…. Bajo, busco al portero, y después de explicarle que me había olvidado los huevos en el fuego… ( como si no se hubiera dado cuenta… ) le pregunto si no había encontrado los restos de mi gato en el patio del primer piso (¿gato suicida?).  No, ni noticias del gato. ¿Habrá huido despavorida en medio de tanto barullo?

Al rato llama el dueño del departamento, a los gritos, desesperado, totalmente arrepentido de tenernos de inquilinos. Como puedo, lo tranquilizo. No hay mas daño que la puerta rota, venga y mire…. Mientras,  sigo buscando al gato, que  recién al día siguiente sale de abajo del lavarropa, donde se había escondido.

Hay que cambiar la puerta y tenemos cero plata para afrontar ese gasto, nunca calculado. Bajo la consigna “A nadie se le niega un gran portazo” hacemos una rifa entre familiares y amigos, para cubrir el costo de la puerta nueva. El premio una botella de Chivas y una cena en mi casa, con menú a definir. (Huevos no!)

El premio queda sin dueño y la puerta nueva, flamante. La rota se la lleva mi hermano, y todavía hoy hace de mesa  de los asados cuando comen afuera.

Unos meses después, a  mi ex le pasa lo mismo. Pone huevos a endurecer, se olvida y se va.

Pero esa vez, el portero, precavido y ya más canchero, directamente cortó el gas.

Lo difícil fue convencerlo, que esta vez, no había sido yo. Dios los cría, y ellos se juntan.

 

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