Pensando, entonces, que quizás haya que conocer a 28, o quizás 53, hasta finalmente encontrar esa persona especial, estoy dispuesta a ponerme negra de tomar tanto café, y a  darle una oportunidad a la nueva tecnología. Seguramente habrá gente normal como yo, que busque lo mismo que yo, y que también crea que esta es una alternativa más. Quizás hasta sea divertido. Mientras, sigue la vida de todos los días, el trabajo, la casa, los chicos, los proyectos, la familia, las amigas, y cada tanto algún café.

 

Al principio, parece divertido. A veces, se pierde un poco el sentido de la diversión, y es en esos momentos en los que uno se repite que iban a ser 28 o quizás 53 hasta encontrar al hombre con quien ser feliz, y que no hay que perder esto de vista.

 

El primero en aparecer fue del grupo de los casados mutados en divorciados. Muy hábil (o yo muy confiada?), me despistó muy bien su disponibilidad para salir un sábado a la noche. En estos casos la verdad casi siempre cae sola en cuestión de días y enseguida queda blanqueada la “confusión”. El discurso, el esperable…pero habiendo atravesado una pareja que derivó en divorcio, muchas de las cosas que dijo no sonaba a discurso sino a fiel reflejo de la realidad…ya sabía de qué me estaba hablando, me reconocía en lo que contaba, y no pude hacer otra cosa que escuchar y prestar mi oído. Sabiendo que era otra cosa lo que yo quería, y que la opción de ser la tercera estaba totalmente descartada,  terminamos siendo buenos amigos. Sigo participando.

 

Después de ese primer café, hubo otros. Uno lee muchos mails, y haciendo una selección según los criterios particulares, se llega al café.

 

Entre café y café, descubrí que uno puede tener una idea o una imagen de la otra persona a través del intercambio previo, pero uno sabe casi en el primer minuto de conocer al otro cual puede ser la sintonía, y que esto difícilmente falla. Puede pasar que se tenga un intercambio de mails muy interesante, pero llegado el momento del cara a cara, se cae todo. Hay veces que el diálogo fluye y uno se siente cómodo de entrada, y tres horas pueden parecer veinte minutos. Otras veces hay como un muro bastante difícil de superar y veinte minutos pueden durar una eternidad.

 

 

Hubo algunos cafés y nunca más nada, la gran mayoría. Aunque las charlas fueran buenas y el momento agradable, quedaron solo en eso.

 

Muy pocas veces fueron café y una cena otro día. Y seguir participando.

 

Hubo veces que llegado el momento, ya no tenía ganas de ir, pero igual fui.

 

Hubo veces que llegando, hubiera querido no haber ido, o poder seguir de largo.

 

Hubo veces que fueron charlas muy divertidas, a veces muy interesantes.

 

Y hubo una vez, la última, cuando conocí al hombre con quien ser feliz ….. aunque eso fue bastante tiempo después, y es otra historia. Es la mejor historia de mi vida.

 

Después de ese día, ya no hubo mas cafés. Me encontré con el hombre con quien ser feliz, y hoy casi dos años después, es el hombre que amo.

 

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