Era veterinario de animales grandes, su trabajo de toda la vida había sido en el campo con vacas y caballos, hasta que un día se cansó del barro y las vacas, se compró una chacra cerca de Pilar, armó una empresa de productos para promociones, y le iba muy bien. Transmitía una imagen de bienestar, prosperidad y seguridad, era expansivo y muy extrovertido. Había tenido un primer matrimonio, que terminó en divorcio, y hacía poco más de un año  había quedado viudo de su segunda mujer, después de diez años de casados. Se lo veía muy bien, había quedado muy relacionado con los hijos de la esposa después que ella muriera, aunque ya eran grandes,  y eran como una gran familia. Al preguntarle de qué había muerto su esposa, si es que quería y podía contarlo, contestó:

 

– Se suicidó.

 

Difícil seguir hablando del tema, pero le pregunté… ¿estaba enferma?

 

– No.

 

– ¿Lo viste venir?….

 

– No.

 

– ¿Pero había signos… depresión…  algún indicio que te dejara ver que tu mujer estaba pasando por problemas importantes?… ¿se llevaban mal? …  ¿Estaban bien en pareja?

 

– No!  Estaba todo bien, éramos una pareja mas.

 

– ¿Y vos como estás?

 

– Yo estoy bien!

 

Dejando de lado que debe haber sido tremendo pasar por una situación así, que infierno debería estar viviendo ese hombre, con mil preguntas sin respuestas, sin posibilidad de conocer la verdad, nunca. Aunque él decía estar bien.

 

¿Es posible que se pueda convivir diez años con alguien, y estar ajeno a lo que íntimamente le está pasando al otro?

 

Anuncios