Pertenecía a una familia conocida en la historia política argentina, por varias décadas. Era de los que en vez de cumplir años, los restaba. Simpático, conversador, agradable y con mucho sentido del humor. Su historia había sido muy conflictiva, de enfrentamientos, luchas y muertes. Había sido militante montonero, y su jerarquía de las más altas. En las pocas veces que lo vi, no pude dejar de peguntarle mil cosas de esa época que a mi me encontraba terminando el colegio mientras él se encontraba fuera de la ley  poniendo bombas. Horas interminables de charla, sintiendo que por momentos se perdía en algún lugar de la nebulosa de su memoria. Le pregunté, si hoy, treinta años después, seguía pensando que ese había sido el camino. Dijo que no, que habían hecho un “mea culpa” y reconocido algunos errores. Que hubieran actuado distinto, aunque no aclaramos cual hubiera sido el camino distinto.

 

Finalmente la pregunta pendiente.

 

– ¿Mataste a alguien?

 

Sin respuesta…silencio absoluto… Tardó, hasta que dijo NO. No le creí.

 

– Pero creaste las condiciones para que otros lo hicieran.

 

No dijo nada.

 

Por mas que fuera historia antigua… o no tanto….. me superó! La sensación de estar con un lobo con piel de cordero fue demasiado. No pude saber mas nada.

 

El pasado… ¿nos condena?

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