Nos miramos una vez y supimos enseguida que pasaba
        nos hablamos una vez y salimos a buscar la madrugada
        el vino fue un cómplice para toda aquella fiesta de palabras
        y al cabo de un tiempo de querernos nos casamos de mañana

 

Yo tenía 19, él tenía 23. Era amigo y vecino de una amiga, y quizás nos habíamos visto dos veces antes, casi como de pasada, en alguna reunión. Fines de diciembre, nos encontramos una tarde en el tren. Me invitó a encontramos el 24, después de la cena familiar, pero ese día yo no podía.

Entonces fue el 31. Una noche de esas típicas de verano, con ánimo de festejo por todos lados y mucha gente en la calle. Se nos vino la mañana encima, entre brindis, amigos y música. La semana que siguió fue de vernos todos los días, hasta que me fui de vacaciones con mi familia, primera vez en mi vida, queriéndome quedar. Todavía no se cuestionaban las costumbres familiares, y las vacaciones eran todos juntos y sin opciones. Me fui.

Unos días después recibí una carta con el sobre más insólito y también inesperado… 

                               Para la chica mas linda de Pinamar,
                               Calle Tal, entre Tal y Tal
                               Pinamar

Era la época en que las casas tenían nombre pero no número, y que una carta llegara dependía de la buena voluntad del cartero. La carta no llevaba ni mi nombre, ni el de la casa, pero igual llegó… y yo morí de amor. Conté los días que faltaban hasta la vuelta, y volviendo, nos volvimos a encontrar.

Todo con él, era distinto. No encajaba en los parámetros de los tipos normales, su forma de ser, su trabajo, sus gustos, su familia y sus amigos, todo era muy particular. Era divertido, de esas personas que cuando están en una reunión son el centro y destilan simpatía, que cuando cuentan algo lo cuentan diferente y las cosas que hacen resultan siempre desopilantes. Ese era el Gato.

Con muy poca aprobación de mis padres y un poco de espanto y perplejidad…ese personaje no se acercaba ni remotamente a la persona que esperaban ver a mi lado, seguimos adelante. El Gato le cantaba “Señora”, de Serrat, a mi madre, que sentía que sí… él era un beso del infierno…  Ese con quien sueña su hija… ese ladrón que os desvalija de su amor, soy yo… Señora… Ya sé que no soy un buen yerno,  soy casi un beso del infierno, pero un beso, al fin, Señora.

Por más que los sacara de quicio, y pensando que tarde o temprano esa relación tendría su fin, no les quedó otra que aceptarlo.

La madre de él, quizás lo mas parecido a mi familia, estaba feliz… finalmente aparecía una persona normal en la vida de su hijo. Seguramente pensó que habría sentado cabeza y estaría encauzando, mas vale tarde que nunca, su vida. El marido de la madre, que solamente lo toleraba por ser el hijo de su mujer, llegó a preguntarme en un almuerzo familiar, y en inglés, para que nadie entendiera, que hacía yo perdiendo el tiempo con un tipo como él … y pese a todo, contra viento y marea, seguimos adelante.

Hasta que un año y medio después, a mis 20,  sin el beneplácito de papá, pero con su consentimiento, yo era menor de edad, nos casamos. Con iglesia, vestido y fiesta.

La vida pasó entonces a ser algo totalmente atípico y caótico, sin horarios ni rutina, lo único prefijado eran mis clases de la facultad, lo demás caía según los vaivenes de su trabajo y nuestras ganas. El Gato trabajaba en producción de cine, y casi siempre yo trabajaba con él. La convivencia era fácil, pero totalmente desordenada… a veces aparecían algunos porros, a los que yo pasaba de largo. Cuando había trabajo se trabajaba y cuando no, era como vivir en vacaciones…. No sentía que estaba ni bien ni mal, eso era así.

De a poco hubo mas porros y menos trabajo, más amigos de él dando vueltas, y menos momentos compartidos, y un día apareció la propuesta de irnos a Europa, trabajar en la cosecha … dormir en las estaciones y hacer fortunas….. (???) …marihuana, paz y amor… no se acercaba ni remotamente a mi idea de una vida feliz. 

Pocos meses después se fue a España. Lo llevé a Ezeiza. Lloramos abrazados, y aún sabiendo que nos estábamos mintiendo, nos prometimos que iba a ser solo una separación momentánea, mientras él juntaba lo suficiente para instalarnos allá. Nos despedimos.

Mi padre dijo que sabía que eso iba a pasar, y fue la primera y última vez que hizo un comentario. Mi madre dijo te lo dije, si me hubieras hecho caso… y aunque  fue la primera vez  que hizo ese comentario,  ya nunca paró de decirlo.

              No era fácil trabajar y difícil llevar dinero a casa
              Yo soñaba más y más pensando que te tranquilizaba
              el fracaso fue un cristal para ver nuestra pareja separada
              y al cabo de un tiempo de engañarnos todo quedó en nada

A mis 21 años, el Gato se fue a Europa y yo volví a la casa de mis padres. Y con la misma irresponsabilidad con que nos casamos, quizás con un poquito de pena, pero ningún dolor, nos separamos. 

Y escapando de mi suerte y de mi misma vuelvo al punto de partida.

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