Me han dicho mil veces que no hay que esperar nada de nadie ni de nada.

Bajar las expectativas, conformarse con lo que uno tiene, en el ámbito que sea, la familia, la pareja, el trabajo, el país, lo personal, la amistad, la vida misma.  Si algo muy bueno nos pasa, dejarnos sorprender, y entonces si, alegrarnos, vivirlo, disfrutarlo a fondo, como si fuera un momento regalado. No lo buscamos, vino de arriba.

 

Pero, si no llega nunca, como nunca se esperó nada, no hay decepción, pena ni desilusión. Impasibles e insensibles. No se espera nada …. no llega nada, estamos a mano. Transitar por la vida, esperando que lluevan buenos momentos. Algunos, capaz, nos llegarán, nos sorprenderán gratamente, los disfrutaremos mucho y nos quedaremos sentados a esperar que llegue el próximo. Si llega, bien. Si no llega, también. ¿Conformes y resignados?

 

Me cuesta vivir la vida de esa manera. Aunque reconozco que a veces sería más fácil.

¿Pero no es, un poco,  como andar por ahí algo anestesiados?

Vos … ¿Cómo te tomás las cosas?

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