Hace unos días, escuchaba en la oficina que alguien decía que no le pasaban cosas buenas en la vida. Que aunque tenía su familia, su hija, su trabajo, y reconocía que vivía relativamente bien, sentía que las cosas buenas le pasaban de largo. Lo divertido, lo diferente o lo insólito le pasaba a los demás, como que a ella las grandes cosas de la vida la esquivaban.
Alguien mas le preguntó que era lo que ella esperaba, pero no supo decirlo. Era solo una sensación de insatisfacción.
A veces, ¿no tendemos a sobrevalorar la vida de los demás, a minimizar nuestros logros y devaluar lo que tenemos? Sabiendo que en la vida todo es perfectible, no sería mejor, mientras tanto, disfrutar lo nuestro, que seguramente debe ser mucho, y tratar de generar solo buenos momentos? …Ya lo dijo un soñador…la vida es eso que se te pasa mientras estas planeando otras cosas.

Érase una viejecita
Sin nadita que comer
Sino carnes, frutas, dulces,
Tortas, huevos, pan y pez

Bebía caldo, chocolate,
Leche, vino, té y café,
Y la pobre no encontraba
Qué comer ni qué beber.

Y esta vieja no tenía
Ni un ranchito en que vivir
Fuera de una casa grande
Con su huerta y su jardín

Nadie, nadie la cuidaba
Sino Andrés y Juan y Gil
Y ocho criados y dos pajes
De librea y corbatín

Nunca tuvo en qué sentarse
Sino sillas y sofás
Con banquitos y cojines
Y resorte al espaldar

Ni otra cama que una grande
Más dorada que un altar,
Con colchón de blanda pluma,
Mucha seda y mucho olán.

Y esta pobre viejecita
Cada año, hasta su fin,
Tuvo un año más de vieja
Y uno menos que vivir

Y al mirarse en el espejo
La espantaba siempre allí
Otra vieja de antiparras,
Papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita
No tenía que vestir
Sino trajes de mil cortes
Y de telas mil y mil.

Y a no ser por sus zapatos,
Chanclas, botas y escarpín,
Descalcita por el suelo
Anduviera la infeliz

Apetito nunca tuvo
Acabando de comer,
Ni gozó salud completa
Cuando no se hallaba bien

Se murió del mal de arrugas,
Ya encorvada como un tres,
Y jamás volvió a quejarse
Ni de hambre ni de sed.

Y esta pobre viejecita
Al morir no dejó más
Que onzas, joyas, tierras, casas,
Ocho gatos y un turpial

Duerma en paz, y Dios permita
Que logremos disfrutar
Las pobrezas de esa pobre
Y morir del mismo mal.

Rafael Pombo

¿Nada nos alcanza?
Felicidad no tienes dueño, hoy conmigo y mañana por allá.

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