Te pasa, que a veces te venden espejitos de colores?
Y se ven tan lindos, tan como te gustan a vos, que los compras?
Hasta que llega un día que uno (una), que se cree una viva bárbara, (¿todos nos creeremos unos vivos bárbaros?) se da cuenta que en realidad, y una vez más, uno se siente una pelotuda importante.

Entonces uno se dice que no puede ser que sea taaaaaaaaaan ciega….
Que capaz la verdad estuvo tan bien envuelta que no la vio.
Que capaz no estaba muy bien envuelta, pero tampoco la pudo (¿o quiso?) ver.
Que mezcladas hay cosas que no son espejitos de colores.
Que capaz la verdad tampoco sea tan así, tan blanco o negro. Hay tantas verdades…. tan diferentes… tan de cada uno…. quien nos hace pensar que la única verdad válida es la nuestra?
También te das cuenta que además de los espejitos, algunas cosas son muy reales, las podés palpar y sentir. Las vivís verdaderas. Que valor le das a una cosa frente a la otra? Cuánto mérito le quita, cuanto suma y cuanto resta?
¿Será que son tan lindos los espejitos de colores que uno los compra igual?
A riesgo de uno, obvio. Eso no se discute.

Y así estás, como paralizado… esperando algo, sin saber bien qué, que te rescate.
A vos, también te pasa?

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