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En estos días con pronóstico de crisis importante, se empieza a palpar con más fuerza lo que está pasando, ya no solo son los diarios con noticias de acá y de allá, los comentarios nefastos en la radio, o editoriales sobre un futuro incierto que llenan el horizonte de nubarrones grises (¿negros?).

 

Es también en la oficina, y la gente en la calle.

 

En la oficina, con el plan de racionalización. Los que están en edad de jubilarse…. Apuremos el momento…jubílense ya!,  a fin de mes. Los que decidieron dejar de trabajar y dedicarse a otra cosa, bienvenida la inquietud de mejorar…tienen el beneplácito de papá empresa. Quien andaba últimamente  como de jolgorio por los pasillos, no recibe un llamado de atención. Llega en su horario de siempre a trabajar, y a las 5 de la tarde y sin mayor trámite,  ya no tiene trabajo. Sin siquiera la oportunidad de cerrar el mail personal que estaba escribiendo o de buscar sus cosas o la foto de su perro. Que momento…hoy estás, mañana no estás. Hoy te levantás pensando que es un día mas, pero te vas a dormir con la certeza de que mañana es día libre, y no porque sea feriado.

Y todos estos, los que se jubilan y los que se van por voluntad propia o ajena, no se reemplazan, se re-estructura el trabajo, de la mano del plan de racionalización.

 

En la calle, también se siente que se avecinan momentos difíciles. En el tren, apretujados como vamos por las mañanas, a veces uno logra, casi sin querer, callar esa radio interna que siempre va con uno, y escucha pedacitos de la vida de los demás. Y uno se entera de los problemas ajenos, por ejemplo, el de la señora que dice que ella “es” sola (vivo sola ó estoy sola…pero ¿“soy” sola?) y paga una cuenta de teléfono de 500 pesos. También se queja: la botella de champagne que hace unos pocos meses le costaba 29,50, ahora la paga 45…imaginate!!!!.  No importa como, cada uno en su propia medida, se encontrará afectado de distinta manera, y entonces, será cuestión de hablar un poco menos, tomar sidra en vez de champagne, o viajar en tren en vez de taxi. Cada uno sabe por donde le aprieta el zapato.

 

 

Frente de tormenta. Ahí nomás. Agárrense fuerte. Hacia allá vamos, una vez más!

 

 

 

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