Hace un tiempo empezaron  a llegar invitaciones para el Facebook. Al principio, las eliminaba tal cual llegaban, sin importar mucho de donde vinieran.

Después me llegaron de los monstruos, y de la familia, y me registré. Me hice amiga de familiares con los que hablamos cada tanto pero jamás nos escribimos, de familiares a los que veo solamente en velorios y casamientos, de gente amiga con la que me comunico por teléfono o mail, de mis hijos, a los que veo todos los días en dosis variables, y de mi ex jefa, con la que jamás volví a cruzar una palabra, y sin embargo está ahí.

Pasé a formar parte de dos grupos: un “Family Group”,  y reconozco que está bueno porque están las últimas fotos de la familia más cercana, y de otro grupo al que me invitó un primo de esos que entraría en categoría casamiento/velorio, que se llama “Odio Trabajar”. No sé si fue algo así como una  maldición gitana, desde ese momento se me amontona el trabajo y no tengo tiempo ni para leer el diario. Todavía no sé que implica ser miembro de este grupo, porque salvo el trabajo a montones, nunca supe más nada.

Me hice amiga de los amigos de mis sobrinos (¿??), de amigos de mis amigos, de las hijas de mis primos, a las que vi por ultima vez cuando tenían ocho años (hoy tienen 26 y son madres),  y de gente que no tengo la más mínima idea de quienes son. Vi fotos a montones de gente que no conozco ni reconozco y también me enteré si estaban deprimidos, volviendo de las vacaciones en Miramar, bajando dragon ball,  pasando la aspiradora o haciendo lasagna. Algo así como la revista Caras pero sin tanto glamour.

Busqué gente a la que le perdí el rastro a través de los años, pero solo pude encontrar a una (1) amiga, haciéndome amiga de un amigo del hermano de mi amiga, con el que nos cruzábamos hace mil años. Después del primer saludo, de reconocer que hacía mucho que no nos veíamos (si … casi 34 años!), de preguntarnos que fue de nuestra vida (todo perfect!!! …. O te cuento?) y de pasarme el mail de Mercedes, jamás volvimos a intercambiar una palabra.

También vi los perfiles de los monstruos, para encontrar que subieron fotos de ellos… algunas privadas, algunas de la familia y entre estas algunas mías, de esas que jamás le mostraría ni siquiera a mi madre cuando está sin los lentes … que horror!!!!…  Quemá  esas fotos!!!! … A mi pregunta de qué les aporta el facebook, me dijeron que es menos formal que un mail y más fácil que el teléfono. Quizás. Parece que si andás (digamos!) …. entre los 18 y 35 años y no estás en Facebook … no existís, no podés arreglar programa para el finde, ni tener vida social.

Presa de un ataque paranoico y haciendo gala de un autismo antisocial, eliminé a muchos y ahora solo me queda un grupo chiquito.  Por suerte parece que uno no se entera ni sabe cuando alguien borra algún contacto, porque una cosa es que crean que uno es un ser antisocial y antipático, y otra cosa muy distinta es que lo corroboren.

Antisociable, y a mucha honra!

Antes, cuando no habìa internet, Roberto Carlos quería un millón de amigos… ahora está el Facebook.

Yo sólo quiero mirar los campos
Yo sólo quiero cantar mi canto
Pero no quiero cantar solito
Yo quiero un coro de pajaritos
Quiero llevar este canto amigo
A Quien lo pudiera necesitar
Yo quiero tener un millón de amigos
Y así más fuerte poder cantar
Yo quiero tener un millón de amigos
Y así más fuerte poder cantar

Y vos….¿ te entendés con el Facebook?

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