Dijo Pirata en un comentario al post anterior:

“Porque aun hoy están los que dividen entre…. nosotras y ellos….a esta altura eso es primitivo, los seres humanos somos un desastre tanto hombres como mujeres…. “

Me quedé pensando. Mas allá del desastre que seamos todos (¿tanto?)… en un divorcio, no pasa por el discurso de hombres o mujeres, por quien tiene la culpa, o de quién es la responsabilidad. Casi siempre es una responsabilidad compartida, aunque no siempre reconocida, y de alguna manera, sea por pensamiento, palabra, obra u omisión… (yo me confieso) …  cada uno tiene su parte.  Aunque parezca que no, o digamos yo no fui.

Algunos a los que les pregunté cómo y porqué habían llegado a un divorcio, vos y tu manía de preguntar!,  me contestaron que en realidad no lo tenían muy claro,  lo atribuían al desgaste después de muchos años de pareja. Y parece que el desgaste es el principio de una cosa que lleva a la otra, hasta que se llega a un lugar sin retorno. Algunos pocos tenían muy bien definidos los porqué, pero parece que el desgaste es el top ten de las razones para un divorcio!

Otros hablaron de indiferencia y desinterés, de tiempos de crecimiento distintos, de incompatibilidad grosera después de un cierto tiempo, de irresponsabilidad, de falta de respeto, y por último, de infidelidad. Supongo que la infidelidad es lo más visible, el final que esconde el resto, y es a donde se llega después de pasar por lo demás, y se termina buscando fuera lo que no se encuentra dentro. Aunque también pasa porque si, de pavos que somos los humanos a veces.

Me pregunto si una pareja no será algo así como un cheque en blanco.  Se arranca una relación con alguien, con quien aparentemente hay un montón de cosas en común, gustos compatibles, deseo de las mismas cosas, sintonía especial, proyectos parecidos que encajan uno con el proyecto del otro, y un futuro probable y posible, hasta promisorio.

Pero pasa a veces, que quince años después, alguno de los dos, por ejemplo, se cansa de ir a la oficina todos los días, de la rutina espantosa, de la cara del jefe, o de vivir para llegar a fin de mes, y de golpe tiene ganas de cambiar todo lo conocido por una chacra en un pueblo perdido al pie de los Andes donde sembrar tomates, mandar la empresa a la miércoles, andar en patas y dormir la siesta al sol. Para el otro, que sufre de abstinencia si está a más de diez cuadras de un shopping o lejos de los ravioles de los domingos familiares es un delirio imposible de imaginar.

O puede pasar, que un día, quince años después y cuando nada hace suponer que las cosas están mal o falta algo, uno de los dos se cansa de la rutina y se le despierta el indio, y aparece con la propuesta de hacerse swingers y ver que onda. Para el otro, que está todo bien mientras sea de a dos y entre cuatro paredes, también es un delirio difícil de imaginar.

¿Y ahora qué hacemos?

Fuera de esos ejemplos grotescos o extremos,  en cosas mas chiquitas, sencillas o cotidianas, también pasa.  ¿Quién me cambió el personaje? ¿Quién es esta persona que tengo enfrente? ¿De donde salió este planteo? ¿Donde quedaron los planes del principio? ¿Es lícito cambiar así? Dicen que dijo Borges (…. ¿lo habrá dicho?) que los únicos que nunca cambian, son los tontos y los muertos… pero ¿cambiar tanto?

Un deseo instalado en la mente, taladra el cerebro hasta que se concreta o se vuelve una obsesión, no importa que sea irse, hacerse swinger o desear algo mucho menos rotundo o tajante,  pero igual de apremiante, y si el otro no lo comprende, no lo apoya o no lo comparte, ¿no es el principio de un abismo difícil de superar? Seguramente se siga con la rutina del trabajo, o entre las cuatro paredes conocidas, pero ya se metió una cuña. Si se puede hablar, escuchar, entender, compartir y apoyar, buscando caminos a medias entre los dos, quizás se encuentre una salida, y la pareja gane.

Sino, ¿no hay uno que gana y uno que pierde, uno que logra lo que anhela y uno que desespera?. … y como resultado, crece la distancia, aunque se esté codo a codo, crecen los silencios, hasta que un día se toma conciencia.

Y ya sabemos como sigue, una cosa lleva a la otra, hasta que se llega a un lugar sin retorno. La pareja se desgastó.

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