En mi casa, no me acuerdo de haber tenido penitencias importantes, salvo una, mortal, la penitencia! que me marcó para toda la vida, y es otra historia.

Mi madre, cual sargento de regimiento, manejaba a la tropa con la mirada. Y no era que la tropa fuera enorme, éramos solamente dos.  Sin gritos ni aspavientos.  Como mucho, si nos pasábamos de la raya, podíamos ligarnos un tremendo pellizcón mientras mascullaba algo en voz baja.  En realidad, creo que tuvo suerte, por más que ella se adjudique todo lo buenos que fuimos mi hermano y yo. Lo bueno, fue gracias a ella, lo malo, fue mérito nuestro.

Muy tranquilos, no sé si por genética o por la vigilante mirada de mamá, jamás una travesura importante, jamás una rateada, jamás un aplazo, jamás una materia a diciembre. Nunca un cigarrillo a escondidas. No sé cómo habrá vivido mi hermano esa época, ser varón era distinto, aunque si coincidimos en la severidad.

Hasta los 10 años fui a un colegio mixto. No creo que fuera demasiado malo en conducta… ¿cuán malos se podía ser 40 años atrás??…  a lo sumo en alguna hora libre alguno se habrá parado arriba de un banco, y eso era todo. Pero a mi madre, que en esa época se le dio por estudiar inglés, su profesora le sugirió …¿por qué no me mandaba a aquel otro colegio, que era mejor, más exigente, más importante, más british… más todo?

Para mi madre, haber estudiado inglés o ikebana, hubiera sido lo mismo, lo hacía por ocupar sus ratos libres y hacer algo fuera de la casa. De haber estudiado ikebana quizás hubiéramos terminado con una sequoia enana en el jardín … pero no, mamá estudió inglés y si, Mrs. Hampton…. a mi me cambiaron de colegio!

Cambio de colegio, cuando se tienen 10 años, es importante. Cambio de colegio mixto a colegio de mujeres, todos sabemos que a los 10 años las mujeres pueden ser muy difíciles, es más importante todavía. Nadie me preguntó mi opinión, si quería, si me animaba, si me importaba.  No se hacía. Simplemente un día, a los 10 años recién cumplidos, aterricé en colegio nuevo.

Las nuevas de ese año, éramos dos.  Marcela, que era rubia, de pelo largo, lacio y flequillo envidiable, y yo, que ni siquiera sabía como tenía el pelo, tan peinada iba con dos colitas y el pelo tan pero tan tirante que no se me escapaba ni un pelo. De flequillo, ni hablar.

Pasé la primera mitad del tiempo que me quedó de colegio tratando de adaptarme, y el resto, de ser una más. Con el tiempo supongo que me adapté, y haciendo un balance final, fue bueno, pero sé que fue un cambio clave en mi vida, que condicionó mucho de lo que vino después.

No tuve ni tiempo ni oportunidad para portarme mal.

Dear Mrs. Hampton and  your piece of advice!!!! …. si usted supiera!!!!! …y LA PENITENCIA,  la cuento otro día.

Y vos,  ¿cómo fuiste de chico?

 

 

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