Se necesitan dos años para aprender a hablar… sesenta años para aprender a  callar.             
                                                                      
Ernest Hemingway

A veces, en medio de una conversación o una discusión imprevista, pueden pasar dos cosas.

Puede pasar que uno diga una barbaridad importante, un poco por no pensar demasiado lo que decimos o reaccionando  a lo que el otro nos está diciendo. A veces atajándonos, defendiéndonos o retrucando, ¿la mejor defensa es el ataque?… como si fuera vital tener siempre razón o la última palabra. Otras veces nos quedamos callados, desarmados o paralizados, sin saber que decir ni cómo reaccionar, tan por sorpresa nos agarra lo que estamos escuchando.

Pasado el momento, nos damos cuenta que nos despistamos mal…  rebobinamos la conversación y quizás nos queremos matar…¡¡¿¿qué dije??!! .… quisiéramos  poder tener una función rewind,  volver atrás y  anular algo de lo que dijimos. Si fuera un juicio como en una película, pediríamos que lo dicho no se tome en cuenta  y se elimine. ¡Imposible! No solo lo dijimos, el otro lo registró.

Otras veces, y en el mismo rebobinar  de todo lo hablado, nos vienen a la mente las palabras justas que nunca dijimos… las palabras correctas,  precisas, esas  que nos hubieran hecho quedar como inteligentes, coherentes, graciosos, sabios, comprensivos….todo lo que no fuimos. Tarde,  se nos ocurren dos horas de después, cuando ya pasó y es otro momento.

Limpieza verbal… saber lo que uno dice… callar a tiempo… pensar antes de abrir la boca… no reaccionar … aprender a medir. … ¿Nos quita espontaneidad? Creo que no. ¿Preserva nuestras relaciones con los demás?  Creo que si.

¿Se aprende?  SI, se aprende, quizás no sea fácil, pero es posible. ¿Llevará sesenta años?

Vos, ¿sabes callar o hablar a tiempo?

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