Cuando era más chica… (más chica!!!), a esa edad en que uno empieza a diferenciarse , independizarse y a encontrar que hay otros caminos alternativos además de los propuestos por el mandato familiar, mi madre me decía:  vos tenés el mate lleno de infelices ilusiones.  Mi abuela, que yo tenía pajaritos en la cabeza, y mi hermano, que desde siempre tuvo un plan de vida muy bien trazado, que mi vida era un circo a contramano.

Con el correr de los años, hubo momentos en que algunas ilusiones, que no eran infelices sino felices, parecían haberse marchitado, algunos pájaros parecían haberse volado, y el circo parecía un poco quieto, como esperando que pasara el malón para poder seguir adelante.

Hubo veces, que también pensé que quizás, en el fondo, ellos podrían haber tenido razón.

Pero con el tiempo, me di cuenta que las ilusiones son como el pasto:  con un poco de sol y mucha agua, siempre están y siguen presentes. Que los pájaros pueden estar callados pero no se volaron, y que al circo uno lo puede acomodar en una calle parelela y aunque ya no parezca que va a contramano, va a donde creemos que debe ir.

Supongo que cuando uno deja de tener ilusiones, se le vuelan todos los pájaros, o se resigna a acomodar el circo en la dirección que dice la mano, es cuando se empieza a morir un poco… no importan los años ni los tiempos por venir.

Y vos, ¿cómo acomodaste tus ilusiones?… ¿te siguen acompañando?

Para Otilia, que sabe mucho de cuidar pájaros!
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