Parte de esto es de un post anterior, y tiene mucho que ver con el porqué de la máquina del tiempo.

Desde los 6 ó 7 años, mi madre me arrastraba a misa cada domingo de mi vida, hubiera sol o lloviera a lo bestia, estuviéramos en casa o de vacaciones. Preguntarme si tenía ganas no entraba dentro de las opciones. Era así, se iba y sin chistar.

Cuando fui un poquito más grande, todavía me llevaba a la rastra, bajo las mismas condiciones climáticas, geográficas o de ganas, pera ya bajo protesta.

En esa época en que no había otra opción que ir, empecé a mirar con atención a la gente que estaba en la misa, y fue el principio de una gran duda que me llevó muchos años resolver. Por ese entonces, escuchaba, miraba, y me cuestionaba.

Me sorprendía, mirando a los que me rodeaban, desde la compostura y el silencio impuesto por la misa y la mirada vigilante de mi madre, la comodidad (no sé de que otra manera llamarlo) de los que aceptando el legado de 2000 años de historia, tradición y  mandato familiar, nos auto-definíamos como cristianos. Y me preguntaba si no seríamos los mismos, llegado un nuevo Mesías  por estos tiempos, en condenarlo y quien sabe, también crucificarlo.

Con el correr de los años, ya no pudo arrastarme más a misa, y entonces me preguntaba cada domingo si yo la iba a acompañar, y ante mi negativa, siempre mencionaba al diablo. Hice mil intentos de ajustarme a los mandatos familiares…hasta  toqué guitarra en la misa de la juventud. Pero no encajé nunca dentro de ese contexto, las cuestiones de fe llegan de dentro, y no de fuera.

Fue en esas misas obligadas que empecé a imaginar, que si hubiera una máquina del tiempo y se pudiera elegir a que época viajar, yo elegiría la  época de Cristo y decidiría entonces que hacer, si seguirlo o no. Y esa idea me acompañó muchísimos años…. casi veinticinco!

Como es sabido, los caminos del Señor son infinitos, y las respuestas llegan por donde uno menos las busca y en el momento menos pensado. Muchos años después me crucé con unos libros, de un autor español, que contaba la historia de dos hombres enviados por la Nasa a estudiar el año 30 y los tres últimos años de la vida de Jesús. Sin querer analizar la calidad del libro o cuanto se acerca lo que el autor cuenta a los hechos reales, fue la historia la que me atrapó, por ser ese viaje en el tiempo que tantas veces había imaginado y deseado. Y fue con ese hombre del que se describen sus últimos días, con algunas cosas muy ajustadas a la historia contada por los evangelios, y con otras muy alejadas, que yo pude armar mi propia historia y encontrar mis propias respuestas.

Entonces ya no importa demasiado la misa o el diablo, los rituales o los dogmas de fe. Alcanza lo que uno siente, tan particular y propio dentro de uno mismo. Y eso basta.

Y vos, si hubiera una máquina del tiempo y la posibilidad de elegir la época, ¿a qué época irías?

Anuncios