Cuando los hijos crecen llegan  a una edad en que empiezan a irse. Si no se van solos, amablemente uno los invita o les sugiere irse a hacer su vida, y si el amablemente no funciona, supongo que usará otros métodos, quizás no tan amables y algo más drásticos, aunque esto no lo sé, todavía no me pasó.

Esto, en algún momento tiene que llegar, porque es saludable para ellos, y también para uno!… uno lo hizo en su momento, pero sobretodo  porque habla de salud mental. Es así, y lo sabemos todos.

Entonces, llega el momento en que el primero decide irse. Pero no a  San Telmo  o Caballito, a un departamento alquilado de un ambiente, sino al otro lado del mundo, donde seguir estudiando … ¿y viviendo?. Y vos, que te habías casado con un francés  y sabías que tenías muchísimas posibilidades de tener hijos también franceses, genética pura, venías desde  hace mil años haciéndote a la idea…este día iba a llegar. Ibas tranquilamente por la vida, haciéndote la superada, la que estaba todo bien, que era lo normal, lo lógico, que para eso los preparaste, que la ciudadanía, que el idioma como si fuera el castellano… todo bajo control! …si querés vení que te explico!

Hasta que llega el momento que aparece con el pasaje de ida, sin vuelta, y se te conmociona el mundo. Lo que creías asumido, te sorprende, te entristece y te mueve demasiado. Vos, que tenés una lista interminable de buenas razones para lo que está por pasar, por estos días, no te alcanzan. Sabés que no es el fin del mundo, que  lo preparaste y le abriste las mil posibilidades para que esto pase, pero con el pasaje en la mano, te da por pensar que porqué mejor no fue Caballito, Salta o Río Gallegos, y no tan lejos.

Te ponés monotemática, supongo que hartarás a todos los que tenés cerca, que mucho no entienden a que viene tanta tristeza… acaso no lo sabías?… La mayoría te dice que no es para tanto, que Internet te acerca, que en un tiempo vuelve (¿vos tenés la bola de cristal?), que son muchísimos padres los que pasan por lo mismo, y que todo se supera. Todo esto es verdad, y todo lo sabés, pero igual te toca. Los que han pasado por lo mismo, te entienden mucho, y los que no, te escapan como a la peste.

Pero, es la vida. Que bien que un hijo tenga ganas de salir a pelear su vida, deje la comodidad de lo conocido y se anime a más. ¡Esto está muy bien!  Lo bueno, también,  es que tenés la excusa perfecta para darte una vueltita por Paris…  oh la la…  la ciudad luz…. lo malo es que tenés que multiplicar todo por 5.60!

Así que por estos días, no tengo demasiada cabeza para otras cosas. Ya alcanzan los dedos de mis manos para contar los días en que el monstruo se va. C’est la vie.

 Y vos, ¿tenés algún hijo lejos? …y si estás viviendo lejos de casa ¿Cómo lo viviste? ¿Te costó el salto? ¿Dejaste muchas cosas atrás?

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