Babia: comarca al noroeste de León, España. Los reyes de León tenían un palacio en esta zona donde pasaban largas temporadas. Los súbditos, justificaban la ausencia de sus monarcas, diciendo que estaban en su residencia veraniega. El entorno babiano supuestamente producía un efecto relajante en los reyes que se aislaban allí de sus problemas y preocupaciones, del mismo modo cuando no querían recibir a alguien en audiencia decían que «estaban en Babia

A veces pasa, que uno anda distraído por la vida. No que anda en Babia, como si uno tuviera la vaca atada o todo hiper-resuelto, porque a esta altura de la vida uno ya aprendió que la vaca nunca está atada, y sabe que las cosas, aún las que parecen bien resueltas, pueden cambiar de un minuto para el otro, para bien o para mal.  Va por la vida pensando que todo está mínimamente bajo control y siguiendo su curso. Sabe que hay días en que la sintonía con el universo  y todo lo que lo contiene, es mucha, y otros en que se anda un poco atravesado, pero nada que parezca quitarnos el sueño. Y si nos lo quita un poco,  es acá donde nos hacemos los distraídos, y lo adjudicamos a cualquier cosa: a la comida que nos cayó mal, al mal humor generalizado, a la cara de lunes de la gente, al biorritmo o al horóscopo del día…  shhh!!! calláte!

A cualquier cosa, menos a lo que realmente está pasando, porque por más que nos demos cuenta, aunque más no sea un poquito, la vida la tenemos más o menos armada… bastante nos costó armarla así como está y hasta nos parece linda: las cosas en un orden aparente y lo que menos tenemos es ganas de que haya un mínimo cambio que nos obligue a movernos un poco del lugar donde estamos. ¿Comodidad pura?… ¿Pereza?… Paren un poco… no hagan olas!

Pero el cambio está en marcha, aunque uno mire para el otro lado, y le guste o no, algo hay que hacer. Si la decisión la puede tomar uno a tiempo, lo hace, cueste lo que cueste…. y si no, tarde o temprano la vida toma la decisión por uno, y sea por el camino que sea, terminamos parados frente a ese mismo lugar a donde teníamos que llegar. De nada sirvió hacernos los distraídos, capaz solamente ganamos tiempo o lo perdimos, según como lo miremos.

Y ahora, sin excusas, sólo nos queda una cosa: hacer lo que corresponda hacer…  Arremangate y ponete las pilas. No queda otra.

Volver a poner cada cosa en su lugar, si cabe. Cambiar lo que haya que cambiar… encarar, lo que tanta fiaca nos daba y jugarse, sin miedo..o con miedo, pero jugarse.

Y vos, ¿te estás haciendo el distraído? ¿Hay algo que tenés que cambiar,  y sabes que estás mirando para el otro lado?

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