Una vez hablábamos acá de ser cabeza de ratón o cola de león.

En la época en que fui cabeza de ratón, estaba a cargo de la administración de una empresa. La actividad era la educación, y dejando el tema educativo en manos de los que sabían sobre ese tema, lo mío era la administración. Era una empresa de la que era (soy) socia, con algo más de cien empleados, dos edificios, y una muy buena trayectoria lograda a través de los años, más de 60.

Cuando se iba viendo venir la crisis que empezaba afectar al país entero, la que terminó en el corralito y con miles de empresas cerradas, nosotros hicimos mil movidas para escapar de un final anunciado, como el que tuvieron muchísimos colegios y muchísimas otras empresas. Sabiendo que no está muerto quien pelea, llevamos casi a cero los gastos… algo así como no comer huevo para no tirar la cáscara… redujimos los costos a lo mínimo indispensable, cerramos todo lo que iba a pérdida,  convocamos a todos los que trabajaban y les mostramos la cruda verdad y el panorama negro oscuro, oscurísimo,  que se veía hacia delante. Lo que les pasaba a todos, también nos estaba matando a nosotros.  Algunos dejamos de cobrar, y la mayoría aceptó perder parte del sueldo, si con eso se salvaba el colegio y todo lo que implicaba.

Con el  apoyo incondicional de muchos en un tema tan sensible como sueldo y trabajo, seguimos funcionando pero con un costo importante, y frente a la posibilidad de ir a una quiebra segura, convocamos a concurso de acreedores.

Consecuencia inmediata y personal de todo eso, los monstruos se negaron rotundamente a vivir del aire, me busqué otro trabajo, y a pesar de seguir vinculada a la empresa,  pasé a ser cola de león, con la tranquilidad, por lo menos en lo económico, que eso me trajo. Hoy, casi diez años después, el concurso se resolvió, con un plan de quince años hacia adelante, el colegio sobrevivió, yo sigo trabajando en otra empresa y casi todos felices.

Menos, cuando quiero salir del país. Como en muchas otras cosas donde la entrada es gratis, pero la salida vemos… por el concurso y medida cautelar de rutina, no puedo salir del país sin permiso expreso del juez, aunque ya sea un tema resuelto. Quizás pasen muchos años.. muchos!  … el 2022 ??… hasta  que se termine de pagar todo lo pactado, y yo pueda volver a salir como cualquier vecino, sin más trámite que hacer mi valija y un simple check-in.

Es por eso, y mientras consigo un permiso permanente, que cada vez que quiero viajar, basta que presente mi documento en migraciones para que se me paren dos funcionarios al lado, y hasta que no les saco el bendito papel y se los pongo delante de los ojos, no me dejan mover.  Después, con el papel en la mano, al que leen y leen y leen… cuanto se puede demorar en leer un escrito de 15 renglones???….  me dejan un buen rato esperando mientras desaparecen detrás de una puerta, mientras yo tiemblo preguntándome si volverán, y si vuelven si será a tiempo, y a las cansadas me hacen pasar a una oficina, donde alguien, supongo que el  jefe, con cara de pocos amigos y fastidio por la distracción,  llena otro papel, también de rutina, y finalmente, un buen rato después puedo empezar mi viaje.

Así que ahora, con papel en la mano, recién salido del horno,  empiezo a pensar en vacaciones.

Tengo el papel…   ahora, y dentro de un plazo de 60 días corridos, tengo que decidir cuándo, dónde y con quién… casi nada, ¿no?

¿Dónde?.. . no muy caro,  playa y mucho sol.  Se aceptan sugerencias!

Mientras lo decido, empiezo ya a disfrutar por adelantado mis tan ansiadas vacaciones. Ahora me toca a mí!

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