Cuando era chica, hace mil años!, mis padres llegaron un día a Pinamar, que todavía era medio páramo: muy chiquito,  con calles de arena y barro, y se enamoraron del lugar.  A partir de ese momento, todas las vacaciones las pasábamos ahí. 

En esos eneros pasados allá, la diversión era buscar los patines  después de la playa, y pasarme la tarde entera en la pista de patinaje, que era bien de pueblo: rudimentaria, con mesas de metegol  y un altoparlante que pasaba música a todo volumen, hasta la noche, cuando aparecían mis padres a buscarme.  Sin sacarme los patines, iba patinando por Bunge, una de las dos únicas calles asfaltadas, hasta donde a veces íbamos a cenar.

En esas tardes de patines, encontré a Mercedes, que iba al mismo colegio que yo, aunque era una año más chica y estaba en otro curso. Nos hicimos muy amigas, y fuera en Pinamar o en Buenos Aires, pasábamos mucho tiempo juntas.  Compartíamos en el colegio el libro de francés, el de Mauger, y nos escribíamos cosas en los márgenes…  era más lo que había para leer en esos bordes de cada hoja que en todo el libro entero.

Fuimos creciendo, Mercedes se puso de novia con un tal Henky (supongo que Enrique?) mientras yo moría de amor por otros dos y estaba enamoradísima de ellos, dependiendo del día y del lugar,  hasta que un día se me cruzó un saxofonista que borró tanto amor platónico de un plumazo,  y me quedé con él, para horror de mis padres…imaginate!saxofonista, y como 7 años mas grande…  un espanto!!!!.

Los padres de Mercedes, gente de soluciones drásticas, no muy conformes con el novio, terminado el colegio le propusieron ir unos meses a USA a casa de unos parientes, algo así como poner distancia,  y ella, ni lerda ni perezosa, agarró viaje. Por supuesto que fue el final de la historia con Henky, y el principio de una vida diferente para ella.  Mis padres, mas conservadores quizás, o menos arriesgados, ni pensaron en hacer lo mismo, y entregados a los designios del destino, no me ofrecieron ningún viaje.   Deberíamos haberlo hecho, me dice hoy mi madre!!!!:   aunque lo del saxofonista duró lo que tuvo que durar, quizás hubiera sido otra la historia…. nunca lo sabremos!

Mercedes volvió, con nuevas ideas en la cabeza, estudió, se recibió, y se volvió a ir.  Se casó con un gringo, a quien por trabajo viven destinando a diferentes países,  y cada tanto, digamos cada 10 años, se da una vueltita por acá y se deja ver. La última vez que nos vimos, fue en el 1999. Mientras, cada mil quinientos años quizás, nos habremos escrito uno o dos mails.

Lo último que supe de ella, es que estaba en Bolivia… hasta hace menos de una semana, cuando de pura casualidad,  me enteré que ahora está en República Dominicana.

Lo que siguió, fue vertiginoso. Mail, llamado y propuesta:  Venite!

– No quiero complicarte la vida … tenés lugar???…   Todo ok con tu marido?

Habitación y baño de huéspedes, chofer para lo que quieras, y si llegás tal día, justo hago una mega fiesta en mi casa,  y al día siguiente mi marido se va por trabajo toda la semana! Te imaginás????…. Ni lo dudes, Venite!.

Ni lo dudé. En una hora, todo definido: permiso, fecha, pasaje,  y con quién!  Vacaciones en República Dominicana!!!.  Sorpresas te da la vida!!! ….

Y vos, ¿mandarías a un hijo lejos, con el fin de poner distancia con quien no te parece “adecuado”?

Gracias por todos los lugares sugeridos en el post anterior… tomé nota!

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