Ya volví, pero sigo contando! 

Después de Santo Domingo, fue la playa.

Casi 150 km para el este, en la zona de La Romana, nos fuimos a Bayahibe… un pueblo de pescadores, y ahí muy cerquita, a una playa con hotel incluido. Supongo que no importa mucho cuál sea,  todos deben ser por el estilo, lo impresionante es la playa.

Aguas transparentes, cálidas, limpias. Todavía no sé como hice para salirme del mar. Horas nadando, ratos enormes  flotando, el agua amortiguando el poco ruido que hay. Es temporada baja, y aunque hay gente, está muy tranquilo.

Haciendo snorkeling, impresiona la cantidad de peces que dan vuelta alrededor de uno, y ni siquiera nos rozan. Cientos de peces chicos que pasan, ajenos a la gente, y peces más grandes que los siguen. Un poco más adentro, más peces de colores y formas diferentes, esos que normalmente vemos en las peceras, que se acercan demasiado a mirarnos cuando andamos por ahí… me dio por pensar… ¿quién estudia a quién?

Lo mejor, imperdible, los atardeceres. La playa ya vacía, el sol poniéndose sobre el mar, las nubes en el horizonte, una raya plateada allá donde termina, y la sensación de que ese es un momento perfecto, así de simple …  un momento feliz.


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