-Cheshire Cat, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
-No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
-… siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
-¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato-, si caminas lo suficiente!

Alicia en el País de las Maravillas


Hace poco hablábamos de la vocación, si es un don con el que nacemos o es la suma de las habilidades que uno trae innatas, más las que va desarrollando, más las que va descubirendo  y cosechando con el correr de los años. Todo eso sumado al placer que se encuentra en lo que se hace, lo que sea, y la posibilidad de vivir bien de lo que nos gusta, nos divierte y nos sale fácil.

Si uno tiene suerte, lo descubre pronto, y estudia o trabaja en algo relacionado con ese tema, y de alguna manera va fortaleciendo esa “vocación”.  Si no, se va reciclando en una búsqueda continua, hasta que antes o después, sale a la luz y uno reconoce cual es la chispa que enciende el motor cada mañana.

Puede pasarle, como a mí, que  llegado el momento de decidir para donde ir, allá lejos y hace tiempo, cuando sí o sí había que elegir, ¿quién nos corría? ,  uno se sintiera parado en ningún lugar con la sensación de que cualquier dirección que  se tomara podría ser igual de efectiva. Tratando de aclarar un poco el panorama, o enturbiarlo, se podía hacer un test de orientación vocacional, y confirmar,  que salvo filósofo o abogado, cualquier destino sería bueno.  Ya! Decidite!

Entonces, uno elige.  Y se enfila para donde parece estar lo que a uno más le gusta, lo que más atrapa y asombra, lo que menos cuesta, y decide que lo que sigue de ahora en más y para el resto de la vida, eso se cree en  ese momento, es medicina.  Sabe que el cuerpo humano es una máquina perfecta y la fisiología increíble y lo más  interesante. Hace todo lo que tiene que hacer, y se encuentra un día inscripto en la carrera, y como sigue un poco con esa  idea de que cualquier colectivo  da igual,  ve que viene el diferencial que lleva a una “experiencia pedagógica curricular de la UBA”, y sin pensarlo dos veces, se sube. Destino final: cursando en un hospital, en un grupo de no más de 60 personas, y conviviendo desde el primer día, delantal re-blanco mediante, con médicos, partes de cuerpos muertos, enfermos, guardias por las noches y operaciones. Todo junto y desde el  vamos.

Así, lo que en la facultad se ve como un preparado, donde alguien ya lo abrió, lo disecó, lo limpió, lo apoyó en una tablita y queda sujeto al principio de “se mira y no se toca”, en el hospital se ve  como  medio cuerpo cada tres o cuatro de nosotros, y arreglensé! Guantes de latex, bisturí y pinza en la mano, y el formol que tarda horas en irse de la nariz, empieza el desarmado de lo que alguna vez, no hace demasiado tiempo, era una persona. Y uno, que todavía no sabe nada de nada, mientras lo desguaza con el Testucito al lado, empieza a pensar quién habría sido esa persona y  cómo habría llegado hasta ahí….dónde habría muerto y quién habría estado a su lado, seguramente nadie,  y cómo habría sido su vida. Imagina que habrá  sido un bebé,  le habrán festejado los cumpleaños…  ¿se habría enamorado? …  y sigue preguntándose si habría tenido hijos, trabajo, familia, amigos… ¿o habría sido una vida muy complicada hasta llegar a ese piletón de formol del hospital Tornú?. Todo esto se piensa mientras se corta, se abre, se busca… no da demasiada impresión, parece un muñeco de cera  y es fácil seguir. Difícil es sacarse el olor a formol que queda impregnado, no importa las horas que pasen.

Y después, vienen las guardias de noche, el contacto más directo con la gente y el anfiteatro quirúrgico. Personas muy enfermas o en coma, hilitos de sangre cuando pasa el  bustirí. Ya no parecen ser muñecos de cera, son personas reales, y acá es cuando uno, una, que por ahora sabe algo de anatomía,  algo  de fisiología, y nada de lo demás, siente que se le nubla la vista, le zumban los oídos y se va redonda al suelo, una vez, dos veces, cinco veces, siempre! Esto no es para mí!

Primera escala en la búsqueda!  Me bajo del colectivo, y por no perder las materias  aprobadas, llego a la kinesiología, pero sabiendo que hay un abismo entre la teoría y el estudio, y la realidad a la que nos vamos a enfrentar cotidianamente.

Y vos, en tu primer encuentro con lo que pensabas que era la actividad de tu vida…  ¿sentiste que estabas en el lugar indicado?

Anuncios