Después de bajarme de la medicina, llegué a la kinesiología, casi como salida obligada.  Frente a la incertidumbre y el seguir parada en ningún lugar en especial, con algunas materias ya aprobadas parecía lo más lógico por hacer.

Pasaban demasiadas cosas interesantes en la vida, más que la carrera.  Estudiar era lo que me insumía menos tiempo y atención. Casi sin esfuerzo, y no es que me enorgullezca de esto, un día me encontré con el título en la mano.

Mientras estudiaba, a los 20, me casé y al año siguiente, me separé … ¡éramos tan jóvenes!…  Conocí al francés un día mientras caminaba por la calle Florida y casi un año después nos fuimos juntos unos meses a Francia. Todo novedad!. Estábamos en Paris cuando por la tele nos enteramos que se habían tomado las Malvinas, aunque no era mucho lo que se decía: una isla perdida allá en el sur, y la armada inglesa que se empezaba a movilizar, eso era todo. Al volver, este era un país convulsionado. Asustaba un poco como se tomaban las cosas: parecía el mundial, pero de la guerra…la armada inglesa que venía lenta pero inexorablemente, y la idea casi generalizada de que los íbamos a echar como si fuera una versión modernizada de las invasiones inglesas. Parecía un juego de la batalla naval: cada avión o barco inglés hundido o tocado se festejaba como si fuera un gol,  aunque no era un juego y resultaba macabro, tan ajenos a lo terrible que realmente estaría pasando allá en el sur. Poco después llegó el Papa, y volviendo del acto multitudinario en Palermo donde miles de personas pidieron la paz, ese mismo día nos fuimos a vivir juntos… Tres días después terminó la guerra y empezó otra etapa. Apareció  el primero de los monstruos, voté por primera vez en mi vida,  y el día que Alfonsín llenaba a reventar la 9 de julio con un discurso impresionante y emocionante, me encontró ahí parada con un bebé de dos meses colgado en la mochila y mi flamante título bajo el brazo.

Después vinieron el hospital, el consultorio, las obras sociales y los tiempos difíciles. Lo que se trabajaba un día se cobraba tres meses después,  hiperinflación mediante, apenas alcanzaba para pagar el colectivo cuando buscaba el cheque. Llegaron los otros dos monstruos, y en medio de tanta corrida, era cotidiano sentir que la kinesiología tampoco era “eso“: faltaba algo! Hasta que consciente de que era poco justo para cualquier paciente toparse conmigo y mi poca pasión por lo que hacía, una vez más, me bajé. Desarmé el consultorio, renuncié al hospital, devolví la matrícula, enrollé el titulo y lo guardé en el paragüero, donde todavía sigue hoy, veinte años después.

Como si fuera el juego de la vida, retrocedí varios casilleros y llegué otra vez en el punto de partida: … volver a empezar!

Y vos, ¿en qué andabas en esa época de la guerra de las Malvinas, fin de la dictadura, la llegada del Papa, Alfonsín y la democracia?(1982-1983)

 

Éramos tan jóvenes,  Parte 1°     Éramos tan jóvenes,  Parte 2°

Éramos tan jóvenes,  Parte 3°

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