Habiéndome bajado de la kinesiología por decisión propia, y de un hondazo de mi mini emprendimiento independiente, por esas cosas de vivir en este país, quedé a la deriva buscando que hacer. Al poco tiempo me ofrecieron entrar en un colegio, uno que hacía más de 60 años que funcionaba y se estaba expandiendo abriendo uno nuevo, como profesora de Actividades Prácticas, una materia sinónimo de hora libre. No era docente, ni sabía de pedagogía, pero parece que en ese momento, entre todos los posibles candidatos yo era la única que sabía de que lado se enhebraba una aguja, y eso era suficiente. Sin pensarlo demasiado acepté.

El primer año de mi carrera de docente, fue bueno. Era un grupo chiquito de chicos de 13 años, y  como había en el colegio nuevo mucho por hacer, arrancamos por ahí, muy alejados de lo que normalmente se hacía en esa materia del primer año del secundario. Compramos madera, y entre todos medimos, cortamos, pusimos puertas, bisagras, estantes, soportes, pintamos una gigantesca cruz roja y armamos el botiquín del colegio, que todavía hoy está colgado! Después, perforadora en mano, fuimos poniendo listones y frisos en cada aula, tapizamos sillas, y cosas así. Ver a los chicos pelearse por usar la perforadora era gracioso, era obvio que más de uno jamás había tenido una en sus manos. Ese mismo año se murió la bibliotecaria del otro colegio, y me ofrecieron hacerme cargo… a vos que te gusta leer!

El segundo año de ser profesora, fue de terror! y lo padecí!  El grupo nuevo ya no era uno chiquito, sino una clase muy numerosa, y tratar de hacer algo coherente con tantos y con algunos personajes de esos que yo llamaba difíciles, confirmó lo que pensaba: la docencia no era para mí. Terminé el año y renuncié, teniendo muy en claro que nunca jamás iba a volver a estar al frente de una clase, y me quedé solamente con la biblioteca.

La biblioteca, era importante en volumen de libros, tendría cerca de 4500! y tristísima en contenido… aunque era algo que a nadie parecía importarle, era la parte menos concurrida del colegio. La habían mudado de salón y quizás la bibliotecaria se había muerto antes de empezar a ordenar, porque encontré mil listas con los cumpleaños de todos los profesores y los que trabajaban ahí, pero ninguna lista de libros, ni nada que pareciera un archivo, no había dos libros del mismo tema juntos, ni orden real ni aparente.

Empecé ordenando los libros por materias, y mientras, si descubría alguno interesante, lo leía. Encontré Lo que el viento se llevó, una versión en inglés que devoré, algunos de la colección Robin Hood, que tanto me habían gustado de chica, que horror!… ¿qué me habría  atraído tanto?, y no mucho mas. Separé los libros que nadie nunca iba a consultar, esos que habrían llegado como donación de gente que hacía limpieza de sus casas mandando lo que sobraba al colegio!: historia de primer año de la época de Maria Castaña, quizás de la época de mis padres…y de la misma manera, los doné a Bibliotecas Rurales. De los que quedaron armé un archivo para saber que había y donde estaba.

Y después ya no me quedó nada que hacer más que esperar que alguien viniera a sacar un libro. Leí lo que había leible, que no era mucho, y el resto del tiempo me aburría bastante… la biblioteca del colegio no era ni siquiera una alternativa para las rateadas! Empecé a pasar por las distintas oficinas preguntando si necesitaban ayuda, y me fui haciendo la dueña de esos balurdos a los que todos escapaban, y por aquello de que los lugares vacíos se ocupan, fui llenando otros espacios. Tenían una computadora, pero nadie que supiera usarla, toda la documentación del colegio la hacían a mano: planillas y recibos de sueldos, recibos de aranceles, rendiciones, hojas de caja, listados, y hasta la famosa lista de los cumpleaños!  Y ahí conocí el Work, que fue el antecesor del Lotus, que me llevó a descubrir el Excel, y fue amor a primera vista!  El Excel y yo … fue el principio de muchos años de hacer eso que me encantaba hacer, me salía bien, me divertía y me permitía vivir. El trabajo se transformó en diversión, y la biblioteca pasó al olvido.

Al poco tiempo, uno de los socios vendía su parte, que era chiquita, y yo, pensando que hacía una buena inversión, me compré un problema importante a futuro, aunque en ese momento era imposible adivinarlo. Años más tarde y una vez más por los vaivenes de este país, se complicó terriblemente. Pero fueron, hasta ahora y laboralmente hablando, los años más divertidos de mi vida.

Y a  vos… ¿qué es eso que te gusta hacer, te sale bien, te divierte y hace que las horas vuelen?

Pensando en vacaciones
Cola de león ó cabeza de ratón
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