Cada hombre contiene varios hombres en su interior, y la mayoría de nosotros saltamos de uno a otro sin saber jamás quienes somos, dijo Paul Auster. 

Hace poco me dijeron que sentada frente a frente con alguien, suponiendo que no es un alguien muy conocido, puedo parecer una persona seria, algo reservada y más o menos abierta según la ocasión y quien esté cerca. También, que escribiendo un mail, puedo ser zafada y bastante transgresora, y que llegado el caso, cuando la comunicación trasciende lo formal y entra en carriles más personales, que ando con el freno de mano puesto. Ser reservado o transgresor, según la ocasión, quizás sea una descripción que le cabe a cualquiera, a algunos más y a otros menos, de acuerdo a las circunstancias y de una manera que nos diferencia a todos…pero lo del freno de mano, por ejemplo, me sorprende, porque no es la primera vez que me lo dicen. Sabiendo que cuando algo pasa una vez puede ser casualidad, cuando pasa dos veces es tendencia, pero cuando pasa tres ya es patrón, y aunque no me reconozco en esa actitud… ¿qué?… ¿Estás hablando de mi?…  quizás sea así, me guste o no. Me quedé pensando si vos… yo… cualquiera o todos, nos conocemos totalmente y pensamos, o estamos convencidos, que somos de una manera. Tenemos distintas facetas, algunas desconocidas  hasta que alguien nos las pone delante. ¿Las aceptamos o no? Aún siendo todas partes de uno mismo, las dejamos aparecer según la ocasión y a quien tenemos delante. Nos sabemos con una forma de ser particular, nos reconocemos en algunas actitudes, nos creemos portadores de virtudes y defectos, y negamos de forma contundente tener ciertas características. Sabelo, eso que decís…yo no! De ninguna manera!

También hace poco, me pidieron que me defina en solamente tres palabras. ¡Tres palabras! ¡Qué difícil!

Con algunas actitudes nos identificamos muy bien y hasta les tenemos cariño, otras nos gustan mucho, serían nuestras virtudes, pero tendremos  algunas viejas conocidas, o no, que preferiríamos no tenerlas, mantenerlas bajo control o erradicarlas de nuestra vida. Lograrlo, serían victorias privadas.

Yo tengo algunas. Y  vos, ¿sentís que tenés algunas facetas que querrías sacar de tu vida?

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