Una mentira no tendría ningún sentido a menos que sintiéramos la verdad como algo peligroso. Alfred Adler

A veces pasa, en una pareja, que hay algo que decirle al otro que es importante, que implica llegar a una situación límite y es serio para los dos.

Es duro para uno, porque no es lo que querría o esperaría escuchar, y también para el otro, porque no es fácil ni es lo que le gustaría decir. Quizás pensamos que para todo hay que buscar el momento adecuado, el lugar y la forma de hablar, lo que sea que haya que hablar, de una manera que no lastime, si esto fuera posible, pero se sabe que sea como sea, no importa el momento, el lugar ni la manera, va a ser difícil, tanto decirlo como escucharlo. ¡Nunca es buen momento para esto! Hay cosas que a todos se nos hace complicado escuchar o saber.

Se puede disfrazar la verdad, poner excusas creíbles o no, o contar una linda historia, aunque sabiendo que no es todo cierto lo que se está diciendo: es algo así como una manera de ahorrarse uno y ahorrarle al otro un mal momento, como si esto fuera posible! ¿Hacemos bien en disfrazar la verdad? Si lo que nos une con el otro es fuerte, es más difícil todavía. Pero lo que sea, se hace imprescindible decirlo.

Entonces, llega el momento de la verdad. Si esa verdad me la tienen que decir a mí, prefiero la honestidad brutal a la mentira piadosa, entender que es lo que pasa antes que enroscarme en mil preguntas sin respuestas, o vivir engañada parada en esa mentira. Quizás, de ahí en más, algo se pueda entender, cambiar, o remediar.

Honestidad brutal o mentira piadosa. ¿Qué es lo correcto para hacer? ¿Qué hacés vos, llegado ese momento?

Anuncios