Cuando era chica, en las tardes de enero de vacaciones en Pinamar, cuando todavía era un páramo y había solamente dos calles asfaltadas, todos los días después de la playa buscaba mis patines y me iba a la pista de patinaje. Mis padres me pasaban a buscar llegando la noche, y con los patines puestos, y por Bunge, llegaba a donde fuéramos a cenar, o hasta donde la arena me lo permitiera.

Con el tiempo, cambié patines por raquetas, o cualquier cosa que pareciera menos infantil, y guardé los patines en el fondo del placard, quien sabe para cuando.

Muchísimos años después, ya casada y con el primero de los monstruos a cuesta, tendría entonces 6 meses (hoy 27 ), a mi suegra se le ocurrió un verano poner como emprendimiento una pista de patinaje en La Falda, Córdoba, y que fuéramos nosotros los encargados de cuidarle el seudo “negocio”… o gran fiasco.

Dejando de lado el fiasco empresarial, fue reencontrarme con los patines, y volver a pasar horas patinando, ya de grande y después de tantos años. En la pista, y en los momentos en que no había muchos chicos, ponía al monstruo en su sillita de paseo y patinaba con él. Verle la cara de velocidad que ponía, la risa que le daba y como se le volaban los pocos pelos que recién tenía, era muy divertido.

Ese verano pasó. Las cuentas no dieron para repetir el intento otro año, por suerte!… pero si hizo de ese verano unas vacaciones diferentes. De vuelta en mi casa, volví a guardar los patines otra vez en el fondo del placard.

Hace muy poquito, sabiendo que una amiga patina con rollers todos los fines de semana, me empezó a picar el bichito otra vez, y averiguando precios y patines, aunque con un poco de desconfianza, roller y patín de cuatro rueditas son cosas diferentes, me compré un par. 

Busqué a mi amiga, quien por ser la primera vez, me prestó sus muñequeras, según ella, por ahí pasa el secreto para no romperse nada, que manera de simplificar las cosas!…  y salimos a patinar. No es lo mismo rollers que patines de los otros, pero fue muy bueno y divertido. Por ahora, lo único que pude hacer fue ir para adelante. Ni idea como se frena, se dobla,  se anda en círculos o si se puede andar para atrás, pero si sobrevivo, supongo que aprenderé todo esto con estos patines también.

Los monstruos, me miraron horrorizados, y dijeron … rollers!  ¿porqué no seguís con la bicicleta?… Pero, que si a mi me divertía, estaba ok!. Mis padres, tan conservadores ellos, me preguntaron si no estaba ya un poco grande para estos nuevos intentos. El monstruo allá a lo lejos, cuando se lo conté, se rió conmigo y de mi, y dijo ¡me lo estoy perdiendo!, y un amigo masculló algo así como pendevieja en medio de una risotada sarcástica… Pendevieja!!! Tu abuela!

Mientras, sigo!  Los gustos hay que dárselos en vida,  por algún lado hay que empezar.

Esta es la foto de mis rollers nuevos:

Y esta es la foto del flamante moretón recientemente adquirido por mi rodilla derecha:

 

 

 

 

Y vos, ¿tenés alguna lista de cosas-pendientes-por-hacer en espera?

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