La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar. Eduardo Galeano.

Hace muy poco, y después de varios años de no saber nada de él, me encontré escribiéndome con alguien a quien conocí varios años atrás, casi 10. Hacía poquito que me había divorciado, y en esa época en que uno pasa de un estado al otro, y anda como desubicado por la vida, parecía que era la relación perfecta de la mano de la persona perfecta.

Pero, con el correr de los días, algunas semanas y pocos meses, uno va poniendo todo en su justo lugar. Lo que nos parecía perfecto en un momento, deja de serlo para pasar a ser todo lo real que es,  a pesar nuestro o por nosotros mismos,  y el hilo termina cortándose por lo más finito. Con un poco de pena llega el día en que se termina. Hoy, tantos años después y apenas un poquito más sabios, por lo menos en lo que nos incumbe a nosotros mismos,  resulta clarísimo. No había posibilidades para esa relación.

Hablando, me cuenta que un tiempo después de dejar de vernos, comenzó otra relación, y que hoy,  10 años después sigue con esa persona.  A mi pregunta, si está bien, me dice mbfmfbmfbSI,  pero. A buen entendedor pocas palabras, parece que no, y me cuenta.  Añora su libertad, su casa de soltero, ser dueño de su tiempo de los fines de semana y de su control remoto. Pero por sobre todo, y sabiendo que quizás es lo que le hace desear más todavía aquello,  reconoce que no encuentra lo que él necesita. Dice querer a su mujer, pero siente que está durmiendo al lado de alguien que podría ser su hermana. No quiere ni pensar, ni hablar, ni recordar como llegó a esta situación. Hablar y tratar de buscar la manera, quedó en el olvido. Ahora, totalmente resignado, está entregado a vivir así lo que le resta de vida…y escucharlo decir esto asusta!… Cree que no tiene salida: la vida le tendió una trampa, otra vez, aunque ahora sin papeles. Mientras, encontró algo que hacer que lo apasiona, con que llenar sus días, engañar su conciencia, tapar sus carencias y mirar hacia delante, aunque sabe que clausuró un aspecto de su vida, y lo dice… de esto,  ni hablar. Es así. Mejor ni pensarlo.

La vida se transformó en una trampa, una vez más. No importa cuál sea, quizás parados en lugares distintos, nos pase algo parecido. Ni él ni yo, diez años después,  logramos todo lo que ansiábamos. En algunos aspectos, si, en otros, no. Perplejos, vemos que lo que deseábamos se parece más a una utopía que a algo real que se pueda construir… ¿cuantas veces se puede volver a empezar? Las necesarias, las que hagan falta, las que nos animemos, o las que podamos, aunque a veces lo que podamos sea bajar los brazos y seguir por un canal que no me traiga problemas. ¿Cuánto fue suficiente? ¿Cuándo bajaste los brazos?

Tener lo que uno quiere o querer lo que uno tiene. ¿Empecinados y testarudos… ó resignados y conformados? ¿Cuándo dejás de intentar?

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