Ya instalados en el avión casi listo para salir, supe que no iba a ser tan sencillo como llegar y decir acá estoy. Un nudo en la garganta, que salió de no sé donde, las ganas acumuladas de ver al monstruo y a la más chica que hacía casi tres meses que no veía… de pronto fue demasiado. El viaje se me hizo larguísimo, y por fin, cuando llegamos a París, estaban esperándonos. El abrazo fue interminable.

Tomamos el metro hasta el departamento que alquilamos en un típico barrio parisino, el 10°, en la Avenida Parmentier. El  edificio, de 1890, uno más del paisaje de la cudad. Un living y un dormitorio, y un pasillo al que da un cuartito minúsculo donde está el inodoro, al lado la cocina refaccionada a nuevo, y pasando la cocina el resto del baño: el lavatorio y la ducha. Equipado con todo, televisor de mil pulgadas, computadora conectada al televisor, y la sensación de que todo lo que uno  busca o hace en internet es en cinerama, a la vista de todos.

Buscando información sobre el barrio, supe que el metro cuadrado de este edificio cuesta 8307 euros, y no es uno de los barrios más caros de la ciudad!!! a solo media cuadra del metro y de fácil acceso a cualquier lado.

Arrancamos así los días en Paris, los monstruos quisieron quedarse con nosotros y quedamos los seis instalados en el departamento, sofá cama y colchón inflable en el living, haciendo un poco de campamento.

Fuimos a muy pocos museos: Les Invalides, y el Museo de Orsay, dedicado a los impresionistas. Visitamos Versailles, aunque es un mundo de gente y termina siendo desagradable, casi imposible de caminar, y anduvimos mucho por la ciudad, tratando de ir por los lugares que están fuera de los recorridos turísticos.

Paseamos por las Galeries du Palais Royal, una serie de pasajes y galerías techadas, de fines del 1700, viejísimas, que van uniendo las calles por dentro de las manzanas y era por donde la gente se movía normalmente, esquivando la lluvia y la nieve y podía llegar del palacio a otras zonas de la ciudad. Hasta hace varios años eran lugares poco frecuentados o de muy mala reputación, pero ahora están siendo recuperados y pueden tener negocios muy raros o restaurantes muy particulares.

Hicimos picnic al borde del Quai du canal St. Martin, donde se junta mucha gente que lleva todo, todo!,  para armar cenas al aire libre y al borde del canal, y se pasan horas charlando en el piso, comiendo y tomando, en un after office diferente.


Anduvimos en bicicleta por todos lados. Hay un sistema, el Velib, que por 1,70 euros por dia, o 30 euros anuales si uno es residente, puede sacar una bicicleta de cualquier punto de la ciudad, y devolverla en cualquier otro punto media hora después, y sacar otra cuantas veces quiera. La ciudad está preparada para los cliclistas, hay muchísimas  bicisendas y a veces los carriles de los colectivos son también usados para las bicicletas, cosa impensada para Buenos Aires, y no importa la hora o el lugar, está lleno de gente en bicicleta. Recorrer así Paris tiene su encanto. Los peatones y los ciclistas son muy respetados, y está prohibido tocar bocina… lo que da una especie de impunidad para mandarse por cualquier lado y hacer algunas cosas que seguramente no sería demasiado seguro hacer en Buenos Aires.

Subimos a la torre por la escalera, la vista justifica los  720 escalones: Paris de noche y desde arriba es espectacular.

Comimos kebabs, croissants y pains au chocolat, anduvimos casi tanto en bicicleta como en metro, pasamos por el mercado de la Bastille y encontramos una especie de crepe libanés de nombre impronunciable pero riquísimo, tomamos helados en heladerías siempre llenas, hay que hacer cola, no importa la hora que sea, y también  anduvimos de compras. Fuimos al cine a ver la última película de Woodý Allén… Midnight in Paris, especial para verla cuando uno anda recorriendo esta ciudad.

Encontramos algunas cosas insólitas, como estos muñecos colgados de algunos edificios.

A la semana de llegar, mis padres se fueron a Grecia, y la más chica de los monstruos, de vuelta a Buenos Aires. La despedida de los hermanos no fue nada facil, saben que quizás vuelva a pasar más de un año hasta que se vuelvan a ver… Confirmado, no me gustan nada  las despedidas!!!

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