Cuando el monstruo del medio era chiquito,  y hasta que tuvo 6 años, era un chico que estaba siempre en movimiento, no paraba nunca, salvo cuando dormía. En esos momentos, los primeros minutos uno lo miraba con mucha ternura… qué lindo como duerme!…hasta que tomaba conciencia  de que solamente estaba cargando la batería para volver a empezar cuando despertara… y ahí, agarrate Catalina!, se enchufaba otra vez!

Cuando salía con los tres juntos, los dos chiquitos y una bebé en la mochila, estaba todo bajo control… uno de cada mano, y era relativamente fácil moverse así, viajaba con ellos en tren o el subte y no había mayor problema, nada era un impedimento para salir a donde fuera. Solo era cuestión de no soltarlos, y si necesitaba una mano libre, soltar al más grande.

Por eso de estar en perpetuo movimiento, cada vez que pudo se metió en los lugares y situaciones más inesperadas, de esas que nos obligaban a salir corriendo a la guardia médica más cercana. Desde estar cosido y pegado con la gotita por todos ladoshasta haber puesto un ojo en la trayectoria de un sapo haciendo pis! Cómo se termina con un sapo haciéndole pis en un ojo, es un misterio!

En algunas pocas situaciones en que necesité tener más de una mano libre, y ante la posibilidad que se fuera corriendo de mi lado sin que lo pudiera atajar, o debajo de un auto, opté por la no muy popular alternativa de atarlo. Había visto una vez, en un viaje por los países del norte,  a una madre llevando a su hijo atado con un arnés preparado para eso. Acá no se veían, ni arneses ni madres llevando atados a sus hijos, pero entre perderlo, me pasó y es desesperante,  o rescatarlo debajo de un auto, opté por una correa, atada desde mi cinturón al de él… y entonces, con poca soga, difícilmente se me escapara. No fueron muchas las veces que lo llevé así,  pero hubo varias, ante la mirada desaprobadora… ¡que horror!  o divertida de la gente.

Llegando a los 6 años mágicamente se calmó, como si se le hubiera gastado la pila por mucho uso, y pasó a ser el tipo más tranquilo, calmo y equilibrado del mundo, y todavía sigue así.  Hoy, cada tanto me echa en cara el haberlo atado, aunque se ríe del asunto, y hace poco le demostré que a pesar de todo, fuimos de avanzada!

                        Este año, en el aeropuerto, otra madre, otro chico atado!

A grandes problemas, grandes soluciones. Y vos, ¿cómo te manejas en casos parecidos?

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