Por el Sena, hay un montón de barcos, que van llenos de turistas, haciendo el recorrido a lo largo del río, mostrando todos los lugares que hay para ver. O sea, todo.

En vez de subirme a uno de esos, me fui caminando.  Bordeando el Sena y hasta donde llegara. Por momentos por la calle, y cuando se puede por abajo, por el mismo borde. Crucé por todos los puentes, todos bastante distintos entre si. Algunos sencillos, y otros muy imponentes.

En el camino me encontré con una manifestación con pancartas y carteles dirigidos a Putin: Putin, no veto on human rights.  No  eran muchas personas, pero entre los dos lados del puente había mas policiás que manifestantes.

En el medio, dos parejas de recién casados que se estaban sacando fotos.

Cada tanto, aparecen en la vereda unas cabinas enormes que son un baño público, gratuito y autolimpiante. Cuando se quiere usar, se aprieta un botón, se abre la puerta, se entra, y una vez dentro, hay que esperar que la puerta se cierre. Todo esto no a la velocidad que uno quisiera, esos segundos en que uno queda parado dentro y expuesto a la mirada de la gente que pasa o que está en la cola, mientras la puerta se va cerrando con mucha parsimonia,  no son muy cómodos. Entre persona y persona, sumado a lo que tarda en autolimpiarse, pueden pasar 4 minutos.  Después de hacer dieciseis minutos de cola, contados por reloj, un yanky intentó colarse justo cuando me tocaba a mi, y tuvimos una mini discusión que terminó cuando entré en la cabina mientras con cara de incredulidad y asombro me decía  “these europeans are all the same“.   No sé a que se refería.

Ni siquiera las estatuas pueden dejar de mirar!

París no se enteró todavía que está por empezar el verano.  El que sepa como hacerlo… por favor le avisa!

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