Seguimos caminando, esquivando guías improvisados y llegamos a la Plaza Djemaa el Fna. Ir a la plaza cuando cae el sol, es fácil, solo es cuestión de seguir a la gente, todos van para el mismo lugar.

Si pudiéramos vaciarla de personas, sería una enorme plaza, sin calles alrededor, rodeada de algunos edificios, algunos de ellos públicos, desde donde se llega al souk, el mercado, y al interior de la Medina. De día, está relativamente vacía y tranquila, y nada hace suponer en lo que se transforma al hacerse de noche.

No hay ningún orden, salvo los carritos que venden jugo de naranja recién exprimido, numerados y alineados a un costado de la plaza, desde donde los vendedores gritan llamando la atención y haciendo señas para que nos acerquemos, y los puestos de comida en el centro de la plaza. Se arman todos los días,  se desarman todas las noches y durante el día no queda nada que muestre que en ese lugar hubo parrillas, mesadas, mesas y bancos.

El resto, lo va armando la gente y no alcanzan los ojos para ver todo: contadores de cuentos, y es increíble ver como la gente sigue con atención el relato, que no está preparado para turistas: es en árabe y no se entiende nada! Encantadores de serpientes, tatuajes con henna para manos y pies, vendedores de té, de especias, de gorros, y de lo que sea, lectura de mano, puestos de comida, hombres vestidos con trajes berebere ofreciéndose a posar en las fotos, gente con monos, vendedores de dientes postizos (dientes postizos??), puestos con juegos de feria, espectáculos musicales … la lista sigue y la oferta es inagotable.

A medida que se va haciendo de noche, la plaza explota de gente. Deambulamos por ahí, tratando de elegir un puesto donde cenar algo,  uno tras otro tratan de convencernos de que su lugar es el mejor:  nos cortan el paso, nos hablan, preguntan de donde somos… surge el nombre Messi y la cara de felicidad…   como si ya fuéramos amigos nos quieren empujar hacia sus mesas, y ante la promesa de volver más tarde después de dar una vuelta nos dejan ir mientras nos dan una tarjeta con el número de su carrito, que nos arranca de la mano el del puesto siguiente diciendo que el de ellos es mejor… y la historia se repite cada tres metros. A veces se pelean entre ellos por ver quien se queda con un cliente. Finalmente elegimos uno… el olor de la carne asada es muy tentador, y es imposible saber de cual de ellos viene, pero nos sentamos en uno que no tiene tantos turistas sino gente local. Son bancos largos, enfrentados a ambos lados de un tablón que hace de mesa, y les piden que se corran a los que ya están sentados para hacernos lugar a nosotros. Después, somos nosotros a los que nos hacen correr para hacer más lugar… el recambio de gente es grande. Terminamos de comer y nos vamos, el lugar no da para sobremesa, y seguimos caminando por ahí.

Sin ver de donde viene, me encuentro con un vaso de té que alguien me pone el mano,  otro que le llega de la misma manera al monstruo…  nos acordamos que nunca hay que despreciar un vaso de té, y nos acercamos al puesto. Vende té y masas, y tiene unas pirámides de especias y de algo que parece una pasta, que va sacando a cucharadas  que pone en platitos. Parece chocolate con dulce de leche, pero no lo es… imposible para mi descifrar que especia tiene, pero es rico. Nos quedamos un rato mirando como se maneja ese puesto: es un padre, con su hijo que no tendrá más de 7 años, que subido a un banquito enjuaga los vasos usados en un fuentón de agua… me asusta un poco la limpieza,  pero me consuelo pensando que lo que no nos mata nos fortalece…  le pagamos los 10 dirham (1 euro) que nos pide por los dos té y la masa, y seguimos caminando.

Entramos en las callecitas del souk donde son todos puestos, uno al lado del otro y desbordantes de mercaderías, alfombras, carteras, túnicas, almohadones, adornos, tajines, especias, nueces… le escapamos al acoso de los vendedores que nos cortan el paso para que miremos sus cosas, y nos vamos.

Ya es noche cerrada, la plaza y el mercado explotan de gente y cosas que llaman la atención, pero nos vamos caminando hacia el hotel, es lejos y tenemos que encontrar el camino.  Al día siguiente pensamos volver para ver la Medina de día.

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