A la mañana siguiente, antes que el sol empezara a pegar fuerte, nos fuimos para la Medina, con la idea de visitar el museo de Marrakech, en un palacio viejo y restaurado, y la Madraza de Ben Youssef, construida hace más de  500 años, algo así como un convento donde vivían más de 1000 estudiantes consagrados al estudio religioso del Corán.

Nunca llegamos!!!

Fuimos caminando, sin el mapa que quedó olvidado, pero ya habíamos aprendido el recorrido desde el hotel el día anterior, y llegar fue fácil. La plaza, en comparación con la noche, estaba vacía. Había algunos vendedores sentados debajo de sombrillas, pero pocos, y estaban los guías improvisados, siempre listos y atentos… de los que no siempre pudimos escapar.

Así, nos dejamos guiar a un negocio donde vendían especies, polvos, hierbas y ungüentos de todo tipo: comestibles, curativos, afrodisíacos y cosméticos. Acorralados, aceptamos sentarnos y escuchamos los 15 minutos de charla de la vendedora, que empezó hablando en un castellano improvisado y terminó en portugués, supongo que también improvisado. Nos mostró mucho de lo que vendían, y nos hizo probar algunas cosas… nos impresionó un descongestivo nasal: unas hojitas negras trituradas que puso dentro de un pedacito de tela y después de frotarlo contra la palma de su mano, nos lo hizo oler… fue un rayo instantáneo hasta el centro del cerebro… y pensando en las alergias que tenemos en Buenos Aires,  casi  me lo compro, pero a último momento, desconfiada, desistí… andá a saber que es eso?  Nos ofreció viagra express para el hombre, y le guiñaba un ojo al monstruo mientras le decía que así podía atender bien a su gacela… y viagra express para la mujer… aunque acá no hizo ninguna aclaración, y terminó mostrándome como se usaba el kohl, indeleble con el agua.  Antes de irnos, y así como al pasar, nos preguntó si fumábamos hachis… y fue la primera de las muchas veces que lo preguntaron. Salí del negocio con los ojos pintados, dos bolsitas de especies en una mano, y un kohl en la otra,  y el monstruo riéndose  de mi porque no había sabido decir que no.

Seguimos caminando, alejándonos de la plaza. El calor era importante y el sol, ya en pleno mediodía y sin hacer ninguna sombra, no nos dejaba saber donde estaba el sur, que era la dirección en la que teníamos que ir, y menos saber dónde estábamos nosotros. En un momento dejamos de ver caras de turistas, nos sentimos en plena vida cotidiana del lugar y nos dimos cuenta que estábamos perdidos.

Esquivamos más guías solidarios, hasta que otra vez nos dejamos guiar por uno, que nos propuso ir a las curtiembres. Acababan de llegar los cueros que traían de otra ciudad, y podríamos ver todo el proceso. No era que estuviéramos ansiosos por ver esto, el olor nauseabundo de las curtiembres ya se estaba empezando a sentir, y no era nada agradable sumarlo al calor, el sol que nos partía al medio, y la sensación de estar perdidos en una ciudad desconocida y complicada para moverse.

Perdidos en la Medina de Marrakech! El único consuelo era que la ciudad está amurallada, y que en algún momento íbamos a tener que topar con la muralla o con alguna de las puertas, a no ser que estuviéramos dando vueltas en rodondo, como parecíamos estar haciendo. Mientras, pasamos por callecitas muy lindas, algunas que llevaban a ningún lugar, eran cortadas que terminaban tan sólo en casas.  Una paz increible, y un enorme contraste con otras partes de la Medina.

Otro mundo dentro de la Medina!

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