Al costado de esos dos hombres que desmenuzaban ramitas había una habitación muy chiquita, con tres colchones tirados en el piso, una mesa ratona en el medio, y algunas guitarras apoyadas sobre los colchones y contra la pared. Guitarras…música… me quedé más tranquila… En la mesa, dos casettes…  Estos chicos atrasan, pensé para mí, todavía usan casettes!

Nos sentamos, y nos quedamos un poco a la expectativa. En seguida aparecieron dos chicos jóvenes, tendrían la edad del monstruo, nos dijimos Salam – Salam… el dueño de casa nos acercó un vasito de té a cada uno, y en medio de un silencio un poco incómodo, el monstruo agarró una de las guitarras y se puso a tocar.

Terminó lo que estaba tocando, nadie dijo nada… ni que bien, ni que mal, ni de donde son, ni que es eso que estás tocando… y ante tanto silencio, volvió a dejar la guitarra donde estaba con un poco de perplejidad… esto no viene de hacer música, me dio por pensar, cuando uno de los chicos agarró un instrumento raro, una especie de bajo con tres cuerdas hecho de madera, el guembri, y empezó a tocar. Cantaron una canción, que sonaba muy linda, donde parecía que uno decía o preguntaba algo mientras el otro le respondía… al estilo Pimpinela pero sin tanta estridencia, y cuando terminaron esa canción, otra vez el silencio incómodo.

El guembri

El que tocaba el guembri, se levantó , se acercó a la montaña que estaban haciendo los otros dos con las ramitas, sacó un puñado, y se volvió a sentar  mientras armaba un cigarrillo, que se parecía más a un habano por lo grueso que era. Otro, que estaba sentado al lado de Latif, sacó de entre sus ropas una cañita de madera, larga como de 25 cm, y empezó a fumar.

El simil habano quedó en la mesa, y lo iban fumando por turno, mientras el monstruo y yo estábamos de meros espectadores. Nadie decía nada.

El que tenía el guembri empezó a tocar otra vez. Un acorde con 5 notas, siempre el mismo, repetido todo el tiempo. Latif  tomó un casette de los que estaban en la mesa, y empezó a acompañarlo, dándole golpecitos con los dedos. El monstruo, viendo que la cosa venía de participar, empezó a tamborilear sus dedos en la mesa, marcando el ritmo… hasta que Latif, con mucha suavidad, le agarró la mano y se la llevó al pecho donde la mantuvo por varios segundos… hijito querido, no rompas el clima… parecía decir sin palabras. Siguieron sonando por muchos minutos más, larguísimos e interminables, las cinco notas del mismo acorde… de pronto Latif, se paró en el medio y empezó a bailar… parecía en trance, no miraba a nadie, no decía nada, era él, la música y su cuerpo.

¿ y yo como vine a parar acá?

El guembri, sonaba como esto (sacado de la web)

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