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Varios años atrás, cuando no tenía auto, necesitaba imperiosamente contar con uno para una salida que estábamos planeando.

El auto familiar, no estaba disponible, mi padre lo custodiaba celosamente, lo usaba a diario, y el último de sus planes era prestármelo a mí, por mucho que lo necesitara. Entonces puse en marcha el operativo ablandar a papá, que podría terminar en robarle el auto a papá.

Pero, la realidad puso las cosas rápidamente en su lugar, y llegamos a la triste conclusión: difícil que el chancho chifle.

Más difícil es que el chancho vuele, me dijeron, y estuvimos de acuerdo en que sí. El auto no lo conseguimos.

Difícil es que el chancho vuele, y nunca vi a un chancho chiflar. Lo que si vi, fue una chancha enojada y tan enojada estaba, tanto!,  que me imaginé que se parecía a un jabalí enfurecido.

Estábamos de visita en La Falda, en Córdoba, y detrás de la casa, bajando por un camino en medio de la sierra, se llegaba a un vallecito, por donde corría un riacho y era muy lindo para salir a caminar. Fuimos con los monstruos, que todavía eran chicos, y era como sumergirnos en un paisaje totalmente distinto a lo que se veía arriba.

Caminamos por el borde del rio, hasta que unos metros más adelante, vimos unos chanchitos, chiquitos, rosados, simpáticos. Un poco más lejos, se veía un ranchito, un auto destartalado, y ninguna persona cerca.

Nos quedamos quietos, mirando los chanchitos que andaban chapoteando por el agua, cuando vimos, saliendo de no supimos donde, una chancha enorme… enorme! Yo, que soy bicho de ciudad, jamás había visto un chancho, y ni idea tenía que podía ser tan grande, y menos había visto un chancho enojado que venía corriendo a enfrentarnos.

Media vuelta y salimos corriendo nosotros, hasta que nos sentimos a salvo lejos del enfurecido animal.

Hay cosas difíciles de lograr, a veces lo sabemos desde un principio, pero lo intentamos de todas maneras. Empecinados y obstinados… quien sabe, quizás lo logremos y vale la pena probar. Otras veces, sabemos que es una pérdida de tiempo y energía, y no hacemos nada, sabemos que es gastar pólvora en chimango.

Y vos, dejando de lado chanchos o chimangos, ¿cuánto le dedicás a una causa aparentemente perdida?

Como Día de la Lealtad se conoce en la Argentina a la conmemoración del 17 de octubre de 1945… cuando en Buenos Aires una gran movilización obrera y sindical  exigió la liberación del detenido coronel Juan D. Perón, quien desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social creada a su pedido, promovió los derechos de los trabajadores. Es considerado como el día de nacimiento del peronismo y uno de sus máximos símbolos, así como uno de los momentos más importantes de la historia del movimiento obrero argentino. Más allá del nombre dado por el Partido Justicialista, también es llamado Día de la Lealtad Peronista; actualmente la fecha ya no es un feriado nacional.  (Wikipedia)

Hubo tres cosas que mi ex-suegra jamás me perdonó:

Que no fuera francesa ni supiera hablar francés… que iniciara a los monstruos en el mundo del dulce de leche, y que uno de ellos naciera un 17 de octubre.

Cuando empecé a salir con el francés, lo único que me acordaba de la época del colegio, era Est-ce que je peux aller à la salle de bains?  Con el correr de los años, y tan solo de escucharlo hablar, aprendí un montón, tanto que puedo entender una película, leer en francés, y llegar a decir algunos insultos muy interesantes si fuera necesario. Hasta a mis perros les hablábamos en francés… ¡cuánto glamour!  Con el tiempo perfeccioné aquella pregunta inicial y ahora más educadamente puedo decir … Où sont les toilettes, s’il-vous-plaît?

Creo que esa fue la primera razón por la que nunca me aceptó del todo, y a eso se le agregó lo del dulce de leche. Que a mi me gustara el dulce de leche, podría haberlo tomado como un defecto mío propio de alguien que no era europeo… pero que a sus nietos les gustara más que cualquier dulce de frutas de los que ella preparaba … era demasiado!… ça suffit!

Y sumado a eso, un nieto nacido un día que para ella era nefasto: cuando estaba esperando al segundo de los monstruos, aunque todavía faltaban casi 20 días para la fecha prevista, una noche sentí que podía estar por nacer. El francés, sin inmutarse, me dijo: ni se te ocurra que mañana es 17 de octubre!… 

Pero se nos ocurrió, al monstruo y a mí, porque cuatro horas más tarde ya había nacido, para horror de mi suegra, que no podía escuchar la palabra Perón, peronismo o peronista, sin que se le pusieran los pelos de punta, se le transfigurara la cara y arrancara con una lista interminable de insultos franceses. Desde aquel 17 de octubre del 45 que dividió al país en dos bandos, ella  pasó a formar parte de esas personas  que tan solo por principio, odiaban o amaban con la misma intensidad a los que pensaban distinto o igual que ella.

Los primeros años, lo mantuvo a cierta distancia. El monstruo hacía su parte,  en ese entonces era un tipito bastante revoltoso, y quizás eso la alejaba más. Con los años, a ella se le fueron pasando los rencores, y con el tiempo, terminó queriéndolo mucho.

Pasaron 26 años desde aquel 17 de octubre, y llegó un nuevo cumpleaños. Le pregunté al monstruo de qué quería su torta, aún sabiendo que era una pregunta innecesaria, porque no hay otra opción que chocolate con dulce de leche y cubierta con más chocolate… y su respuesta fue: quiero un tren, o un camión o un auto… sorprendeme!!!!

???? … Pero… vas a cumplir 26… no 6!!!

Si… pero se sigue siendo un niño en algún lugar del corazón!

Touché!!!!  Fiesta grande y reunión familiar.  Torta camión con acoplado, de chocolate, rellena con dulce de leche y cubierta con más chocolate, con cargamento extra de M&M!

En mi casa, los cumpleaños son cosa importante y de gran festejo. El monstruo, tremendo grandote, feliz!!

Y a vos, ¿cómo te gusta festejar tu cumpleaños?

Mi tía Irene, prima de mi papá, esa que tuvo una historia de amor complicado, es una mujer sumamente organizada.

Viendo que se estaba poniendo vieja, y sin hijos ni familia cercana, más que nosotros, decidió que cuando llegara el momento en que no pudiera vivir más sola en su departamento, se iba a ir a un geriátrico, donde sabía que iba a tener los mínimos cuidados necesarios, aunque no fuera el lugar más agradable donde vivir. Para mí, que decisión fuerte!!!

Así, en conversaciones con mi padre, decidieron hacer un estudio de mercado de los geriátricos posibles, ver cuál se acomodaba a sus requisitos, y eligieron uno. El día en que sintiera que la cosa no se podía sostener más en su casa, se iba a ir para allá.

Pasó un año y pico, sin ninguna novedad, hasta que la semana pasada, un día lo llamó, y le preguntó si ese día a las 5 de la  tarde tenía algo que hacer. Mi padre, habrá pensado que la cosa venía de invitación a tomar el té, pero no, era para que la llevara a su nueva residencia!

Fueron mis padres, la ayudaron a juntar las pocas cosas que llevaba con ella, vaciaron la heladera, cerraron la luz y el gas, y recién ahí se dieron cuenta de un asunto que ninguno había tenido en cuenta:  la perra!

Entonces me llama mi padre, me cuenta en que trámite están, y lo primero que le pregunto es que hacen con la perra… En eso estaban pensando,  me dice, porque ese punto lo habían pasado totalmente por alto. La opción era un pensionado de perros, y estaba por llamar al veterinario que seguramente le sugeriría algún lugar donde dejarlo hasta encontrarle un nuevo hogar… y aún sabiendo que me metía en un problema importante, en mi casa nunca hay nadie en todo el día, y que lo que menos necesito es complicarme la vida con un nuevo miembro en la familia, me ofrezco para tenerla unos días en mi casa hasta encontrar la mejor solución.

A la media hora, salieron entonces en extraña expedición, mis padres, la tía Irene, el bolso con sus cosas y el perro, cerraron el departamento, y se fueron rumbo al geriátrico.

Desde ese día, la perra, una fox terrier llamada Blanca, está en casa.

El primer día se lo pasó sentada al lado de la puerta mirándola fijamente. La primera noche, la encontré durmiendo arriba de la mesa, y no encontraba la manera de bajar. La segunda lloró todo el tiempo, y ahora nos sigue por todos lados y se sienta al lado de cualquiera de nosotros,  donde quiera que estemos. La llevamos a bañar, y descubrimos que es blanca en serio, no solo de nombre, y ahora cuando escucha un ruido, gruñe y ladra. No deja de ser simpático tenerla en casa!

Lo de la tía Irene, que tema! prefiero no pensar en eso ahora, ni mañana, ni nunca.

Lo de tener un perro en la casa, es tentador…toda mi vida tuve perros, grandes, enormes, pero haciendo vida de perros, con jardín y mucho espacio, bañándolos con manguera y agua fría, y sin ningún problema si la casa estaba vacía todo el día… pero así, es como un tema complicado.  Mucho trabajo, salidas, viajes y mascotas,  son palabras que no se llevan bien juntas. Y no sé si quiero, ¿o necesito? complicarme la vida.

Y para vos, ¿un animal en casa, es complicarte la vida, o ya lo tenés incorporado a tu vida? ¿Cómo lo manejás?

Ya instalados en el avión casi listo para salir, supe que no iba a ser tan sencillo como llegar y decir acá estoy. Un nudo en la garganta, que salió de no sé donde, las ganas acumuladas de ver al monstruo y a la más chica que hacía casi tres meses que no veía… de pronto fue demasiado. El viaje se me hizo larguísimo, y por fin, cuando llegamos a París, estaban esperándonos. El abrazo fue interminable.

Tomamos el metro hasta el departamento que alquilamos en un típico barrio parisino, el 10°, en la Avenida Parmentier. El  edificio, de 1890, uno más del paisaje de la cudad. Un living y un dormitorio, y un pasillo al que da un cuartito minúsculo donde está el inodoro, al lado la cocina refaccionada a nuevo, y pasando la cocina el resto del baño: el lavatorio y la ducha. Equipado con todo, televisor de mil pulgadas, computadora conectada al televisor, y la sensación de que todo lo que uno  busca o hace en internet es en cinerama, a la vista de todos.

Buscando información sobre el barrio, supe que el metro cuadrado de este edificio cuesta 8307 euros, y no es uno de los barrios más caros de la ciudad!!! a solo media cuadra del metro y de fácil acceso a cualquier lado.

Arrancamos así los días en Paris, los monstruos quisieron quedarse con nosotros y quedamos los seis instalados en el departamento, sofá cama y colchón inflable en el living, haciendo un poco de campamento.

Fuimos a muy pocos museos: Les Invalides, y el Museo de Orsay, dedicado a los impresionistas. Visitamos Versailles, aunque es un mundo de gente y termina siendo desagradable, casi imposible de caminar, y anduvimos mucho por la ciudad, tratando de ir por los lugares que están fuera de los recorridos turísticos.

Paseamos por las Galeries du Palais Royal, una serie de pasajes y galerías techadas, de fines del 1700, viejísimas, que van uniendo las calles por dentro de las manzanas y era por donde la gente se movía normalmente, esquivando la lluvia y la nieve y podía llegar del palacio a otras zonas de la ciudad. Hasta hace varios años eran lugares poco frecuentados o de muy mala reputación, pero ahora están siendo recuperados y pueden tener negocios muy raros o restaurantes muy particulares.

Hicimos picnic al borde del Quai du canal St. Martin, donde se junta mucha gente que lleva todo, todo!,  para armar cenas al aire libre y al borde del canal, y se pasan horas charlando en el piso, comiendo y tomando, en un after office diferente.


Anduvimos en bicicleta por todos lados. Hay un sistema, el Velib, que por 1,70 euros por dia, o 30 euros anuales si uno es residente, puede sacar una bicicleta de cualquier punto de la ciudad, y devolverla en cualquier otro punto media hora después, y sacar otra cuantas veces quiera. La ciudad está preparada para los cliclistas, hay muchísimas  bicisendas y a veces los carriles de los colectivos son también usados para las bicicletas, cosa impensada para Buenos Aires, y no importa la hora o el lugar, está lleno de gente en bicicleta. Recorrer así Paris tiene su encanto. Los peatones y los ciclistas son muy respetados, y está prohibido tocar bocina… lo que da una especie de impunidad para mandarse por cualquier lado y hacer algunas cosas que seguramente no sería demasiado seguro hacer en Buenos Aires.

Subimos a la torre por la escalera, la vista justifica los  720 escalones: Paris de noche y desde arriba es espectacular.

Comimos kebabs, croissants y pains au chocolat, anduvimos casi tanto en bicicleta como en metro, pasamos por el mercado de la Bastille y encontramos una especie de crepe libanés de nombre impronunciable pero riquísimo, tomamos helados en heladerías siempre llenas, hay que hacer cola, no importa la hora que sea, y también  anduvimos de compras. Fuimos al cine a ver la última película de Woodý Allén… Midnight in Paris, especial para verla cuando uno anda recorriendo esta ciudad.

Encontramos algunas cosas insólitas, como estos muñecos colgados de algunos edificios.

A la semana de llegar, mis padres se fueron a Grecia, y la más chica de los monstruos, de vuelta a Buenos Aires. La despedida de los hermanos no fue nada facil, saben que quizás vuelva a pasar más de un año hasta que se vuelvan a ver… Confirmado, no me gustan nada  las despedidas!!!

Los chicos crecen y llega el día en que se empiezan a ir, ya lo sabemos.

A veces, puede ser de a poco, como para ir poniéndonos en tema y que la situación no nos encuentre desprevenidos el día  en que nos damos cuenta que ya se fueron, sin retorno.

Si tenemos un solo hijo, es el 100 % de los hijos y es una cosa contundente. Sucede y ya está. El niño, ahora casi adulto, se fue.

Si tenemos más de un hijo, el movimiento puede ser mas gradual y podemos hacernos un poco los distraídos, o los superados … podemos ensayar un discurso que diga algo parecido a:  claro!… la vida es así, los chicos crecen, es natural que se vayan, si no se van solos yo les doy un empujoncito y esas cosas que decimos los padres, de la boca para fuera o muy en serio, pero con la tranquilidad que nos da que todavía nos queda alguno dentro que nos revuelva el avispero, nos desordene la casa, meta ruido, gaste de más, vacíe la heladera, y esas cosas que hacen los hijos. Y si se van, es de vacaciones y al poco tiempo vuelven, con una valija llena de ropa sucia.

¿Y por casa cómo andamos?

N° 1, fuera.

Como N° 1 está fuera, y entre ellos se extrañan, N° 2 y N° 3 empiezan a especular con que es muy bueno que haya uno al otro lado del mundo, con casa donde aterrizar y usar de base operativa.

N° 3 comienza preparativos de viaje, mientras, uno la mira con un poco de asombro… como puede ser, si hasta el otro día iba al jardín de infantes, que ahora esté organizando un viaje de 8 semanas y varios países con mínimo presupuesto, con una precisión de relojero suizo… ¿Cuándo me distraje?

Ya está: N° 3 fuera, aunque sea en tránsito, y con fecha y pasaje de vuelta.

Queda N° 2… que por esas cosas naturales de la vida, está mas tiempo en el trabajo y la casa de la novia que en su (mi) propia casa.

Y entonces la casa se transforma en algo así como el ensayo general de la obra: “La casa vacía”.

Hasta ahora, pasan cosas buenas:

– La casa está en orden permanente. Cuando abro la puerta al volver del trabajo, está tal cual la dejé a la mañana. Parece un milagro, y si… es un placer! 🙂

– Cuando voy a poner algo de ropa a lavar, nunca me encuentro con el lavarropa lleno de ropa sin tender. 🙂

– La pileta de la cocina está vacía, no hay un solo plato sucio… y si hay una taza, es la que deje antes de salir apurada a la mañana.  🙂

– La heladera dejó de ser un gran agujero negro donde las cosas desaparecen a una velocidad espantosa… nadie se comió lo que necesitaba para la cena.  🙂

– Puedo poner la música que me gusta, sin escuchar comentarios extemporáneos, y un CD no se cambia solo como por arte de magia ante mi menor descuido. 🙂

– Voy al supermercado y no gasto nada!!!! 🙂  estoy funcionando en modo ahorro.

– No hay cena que preparar… y si tengo ganas de cenar un sandwich tres días seguidos, nadie protesta.  🙂

Si, ya sé… Me hago la viva porque sé que una tiene pasaje de vuelta, y con el otro intercambiamos cinco palabras y dos gruñidos cada mañana. Pero como ensayo general, está bueno!

Me doy cuenta que por primera vez en mi vida, en los años que tengo, es casi casi como si viviera sola. La verdad… es todo una novedad, y no me cae tan mal como había pensado … aunque quizás sea porque es todo muy nuevo. Veremos!

Y vos, ¿cómo te llevas con el vivir solo?

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