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Cuando el más grande de los monstruos andaba por los 13 años entró en esa etapa de la vida en que los chicos le escapan al baño, y lograr que se duchen, puede ser una tortura cotidiana.

“vos sos la única loca a la que se le ocurre bañarse todos los días….!!!”

Un día que estaban los tres juntos mientras preparaba la cena, y antes que surgiera el tema, dejé lo que estaba haciendo, me paré frente a los tres, y les dije muy seria, y totalmente en serio:

Hay dos cosas que tienen absolutamente prohibido los tres, y que no se les olvide NUNCA:

Una: Prohibido irse a la cama sin haberse bañado antes. Jamás!.

Cara de embole mayúsculo del mas grande con un gesto algo sobrador…¿y la otra?

Y dos: Prohibido morirse antes que yo. Y esto se lo graban bien fuerte en el mate… PROHIBIDO MORIRSE ANTES QUE YO.

La cara de los varones, la tengo grabada todavía hoy en la memoria.

No sé que extraña relación habrán hecho entre una cosa y la otra, porque no hay ninguna, pero nunca más hubo un planteo a la hora del baño.

Lo inconcebible, fue que un tiempo después, los varones tuvieron que pasar por la terrible muerte de dos amigos del colegio.

Una, fue una muerte lenta y anunciada. La otra, un accidente ridículo, un imprevisto, un minuto de descuido y un final absurdo. Fue terrible ver el dolor de los chicos, la sorpresa, la incredulidad, la impotencia, la bronca y la pena, verlos pasar de un estado a otro, moverse sin saber como acompañar al que se estaba yendo…  hay alguna edad para saber esto?…. Fue muy duro verlos sufrir, sentirlos desubicados frente a lo inexplicable, y no poder encontrar las palabras justas, las que necesitaban, porque no existen.

Muchas veces más volvimos a hablar del tema, a veces muy en serio, a veces en broma. De esas dos muertes absurdas,  no volvimos a hablar, ni ellos ni yo.

Después de una semana de caminar por la cornisa, de transitar el hilo finito que separa estar séptico de una septicemia y la muerte, el francés, mi ex, el padre de los monstruos, salió victorioso.

Por una sumatoria de malas decisiones, casualidades nefastas, complicaciones impensadas, y mucha ingenuidad, se hizo una cirugía en La Cumbre, Córdoba. Todo lo que podía salir mal, salió mal. Lo que nunca imaginó que podía suceder, sucedió. Mis hijos se encontraron solos, a 800 kilómetros de casa, enfrentando situaciones difíciles y nuevas. En un lugar desconocido, sin apoyo, sin casa, sin familia, sin amigos, sin novios, sin madre.

Entonces, cambiamos una semana de vacaciones en Orlando, por una semana en Villa Caeiro, en un hospital al pie de las sierras, el vértigo de una montaña rusa, por el vértigo de esperar el parte diario del médico de terapia intensiva. Una casa con pileta, por una cabaña rústica con poca calefacción, en un pueblo perdido y minúsculo. Una semana de diversión, por una semana de estar pendientes de como el padre esquivaba a la muerte. Y lo logró. Salió herido y maltrecho, débil y sin resto, pero vivo.

Acompañé a los chicos, y viví con ellos el desconsuelo, el miedo, la desesperanza y la furia. El pánico en la mirada cada vez que el médico hablaba y pintaba el panorama más negro, más difícil. Los acompañé en sus visitas diarias al hospital, dos veces por día,  diez minutos por vez. Los acompañé en sus silencios, hice de interlocutor entre los médicos y ellos, les expliqué en palabras cotidianas la lucha del padre, y me alegré con ellos cuando fue el primer signo de que algo parecía ir mejorando.

Fue una semana de miedo, sin poder demostrarlo. De estar fuerte, de buscar el equilibrio justo entre no mostrarme pesimista pero tampoco negar el desenlace posible. Fue una semana de vivir con mis hijos situaciones complicadas que no habíamos imaginado nunca. De verlos moverse en bloque, unidos, apoyándose, cuidándose el uno al otro, y también de sentir que me cuidaban a mí.

Fue una semana de no saber que pasaba alrededor, fuera de lo que pasaba entre mis hijos y el hospital. No saber que pasó en el país, ni que pasó con mi trabajo, tan lejos quedó todo eso. Supe cuán cerca están algunas personas, y que bueno es sentir en la distancia, una palabra amiga.

Fue una semana de estar lejos de elhombrequeamo, y pese a la distancia, sentirlo muy cerca, apoyándome, dándome fuerza, y alentándome, guiándome en que signos buscar para reconocer la gravedad, o para quedarme tranquila.  Y sentirlo cerca, fue achicar la distancia y el miedo.

Finalmente, ganó mi ex. Maltrecho y sin fuerzas, y con mucho camino por recuperar, pero con ganas de seguir vivo. Ganaron mis hijos, porque pese a todo lo vivido, salieron más fuertes y más unidos,  y porque tanto esfuerzo no fue en vano. Y también gané yo, porque supe como se puede contar con ellos en situaciones extremas, y que sin importar desencuentros y rupturas, hay valores que son muy fuertes.

El francés uno, los gérmenes, cero.

Ayer recibo un mail a la oficina, de mi ex el sicópata.

Ex: “Hi (…estamos bilingües???)….. tesoro (…. todavía tesoro???) te quería invitar a cenar. Beso.”

Yo: silencio de radio

Ex: “RV: Hi tesoro, te quería invitar a cenar. Beso”

Yo: silencio de radio

Ex: “RV: RV: Hi tesoro, te quería invitar a cenar. Beso”

Yo: (como sé lo insistidor y cargoso que se puede poner cuando se lo ignora, respondo) “Gracias pero no. No sé si te conté que estoy en pareja y no me va salir a cenar con otro. Igual gracias, y espero que estés bien.” (y además …ol-vi-da-te ) 

No más mails.

22.35 hs, mensaje al celular: “Tesoro, hoy es mi cumpleaños y por eso era la invitación”

22.50 hs mensaje al celular: “Tesoro, hoy es mi cumpleaños y por eso era la invitación”

Cumpleaños????  si su cumpleaños era en agosto….. (uno mas que está rechapita !!!), hasta que caí en la cuenta que eran 3 años de su infarto, cuando lo encontré en el piso, y empezó el baile.

Y qué baile!!!! (además de todo lo que implica un infarto) … convencerlo de no hacerle juicio a la ambulancia porque no lo llevaron con la sirena prendida…… convencerlo de no hacer juicio al ICBA  por abandono de persona por no taparlo cuando tenía frío…  y semanas de pasar horas (horas!!!!) recorriendo el super, llevando una lupa (si, una lupa),  para ver el % de grasa de cada cosa. (reconozco que esto me vino bien).

Evidentemente, uno tiene mas paciencia que la que supone, y a la distancia, todo termina siendo como una gran broma. Por lo menos para mí, que del colesterol y riesgo cardíaco, estoy una pinturita!  

 

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