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Feriado por la mañana en Buenos Aires. Después de una noche en la que el cielo se vino abajo, la lluvia inundó otra vez la ciudad, otra vez y van tantas!!!. Me desperté temprano con la agradable novedad: no había luz en mi casa, no me quedaba batería en el celular, sin computadora, sin teléfono inalámbrico y con muchas cosas pendientes por hacer.

Siempre hay un bar amigo en el barrio  que por suerte tiene luz, wifi  y la tele prendida. Llego  y me instalo en una mesa cercana a un enchufe y pido un café, saco la net, el celular y los cargadores y conecto las dos cosas. Mientras miro la tele me entero: otra vez la inundación, calles que son ríos, autos a la deriva, algunos amontonados unos arriba de otros, gente caminando con el agua a la cintura, cinco muertos por el temporal.

El bar está casi vacío, es muy temprano, pero poco a poco empieza a caer gente, todos se sientan mirando  hacia la tele, y se van enterando igual que yo, estamos en la misma.  Algunos hablan por teléfono, sin querer se escuchan las conversaciones ajenas: no hay luz, la ciudad está complicada. Suena mi teléfono, que todavia no terminó de cargarse, y es la más chica de los monstruos: el auto de su papá está a la deriva con el agua hasta el capot. Sigue llegando gente, y a esta altura de la mañana el bar está casi lleno. Varios están con computadoras. El resto leyendo el diario,  mirando fijo el monitor de la tele, o mirando al vacío, perdidos en sus pensamientos.  Nadie se habla, aunque haya varios en la misma mesa. La cara de aburrimiento  es el común denominador. Sigo en lo mío, el bar ahora está lleno. Unas mesas más allá, un vecino mío, no me saluda en casa si no es por obligación, menos me saluda acá, se hace el que no me ve y no saca la vista de la tele. Un señor más al fondo se levanta enojado y se acerca  al mostrador, grita y gesticula, de pronto todo el bar se sacude la modorra y concentra la atención en lo que está pasando, aunque nadie entiende nada. El señor vuelve a su mesa refunfuñando, y cada uno a lo suyo. Parecía que se iban a las manos, pero no. Algunos se van yendo, y llegan otros, los del bar no dan abasto.

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Fotos de La Nación, cerca de mi casa

Pasan las horas y vuelve a diluviar. Sobre llovido, mojado. No parece que vaya a cambiar algo, ni acá ni en mi casa. Pienso en los que están todavía con el agua al cuello, la casa destruida, los autos arruinados, o sorpendidos por la muerte, y no tener luz y tener que quedarme varada, resulta insignificante.

Alguna vez escuché por ahi decir que si alguien quisiera conquistar Buenos Aires, no haría falta tirar  una sola bomba, bastaría con llenarla de agua.  No parece una idea muy descabellada, y ya sabemos lo que viene ahora. Adjudicar responasabilidades,  echar culpas, justificarse, y en pocos días solo será algo que pasó. Mientras, saldrá el sol otra vez,  algunos nos vamos a olvidar de esto, habrá sido una tormenta y nada más,  algunos lo lamentarán de por vida, y para la gran mayoría solo será cuestión de esperar que pare de llover.

Mañana será otro dia.

Llegó la primavera!!!… y festejamos el domingo con un asado en una ciudad (o pueblo?), a más de 100 km de Capital. El grupo, mayormente profesionales de la salud, salvo 3, de otros gremios.

 

En un momento, alguien cuenta que trabaja en el hospital, municipal o provincial, no sé que es, pero del estado,  que tiene “un sueldito de mierda” (1300$) y un cargo bastante importante. También cuenta, que su horario es de 4 horas, pero que solo se queda una hora y se vuelve a la casa.

 

Cuando escuché esto, me dieron ganas de levantarme. No sé si por cagona, por educación (¿educación?), por no querer generar un mal momento, por no conocer a la mayoría de los presentes, aunque supongo que cagona sería la mejor razón, me quedé callada. No dije nada, y seguí escuchando su relato, lo que transmitía… que piola que soy… soy una viva bárbara …y sintiendo la aprobación de los demás. Ninguno de los presentes dijo (dijimos) nada, ninguno hizo (hicimos) un mínimo comentario.

 

Me dio bronca, y tristeza. Bronca porque estoy segura que todas las personas ahí presentes, somos de las que nos quejamos del país que tenemos, de la corrupción del gobierno, de los empleados truchos, de los que cobran sus sueldos de senadores y diputados y están ausentes con aviso o sin aviso, y de todas las transas habidas y por haber, evidentes, ocultas o sospechadas. Debemos ser los promotores del doble discurso. Debemos ser, me incluyo.

 

Somos todos tan vivos… Tan piolas… hacé lo que yo digo y no lo que yo hago, y con ese discurso disociado vamos por la vida llenándonos de charlas de café, de odio pasajero (porque dura un instante) contra los que están de turno haciendo la de ellos… pero llegado el momento… ¿no haríamos lo mismo?.

 

Me dio tristeza porque no me animé a decir nada, y me sentí una cómplice más. Y por la certeza de que este país no tiene salvación, mientras esté lleno de gente como nosotros, los que hacen, los que apoyan y los que callan.

 

Relájate y goza. Somos muy vivos!!!!

Siempre pensé que ser malcriado era lo peor que le podía pasar a alguien.

Un chico malcriado es un castigo que tenemos que padecer todos: los amigos de los padres, los familiares, los vecinos, las maestras,  los compañeros del colegio, los que viajan en el colectivo….absolutamente todos. Menos los padres, los creadores de la criatura.  No solo no los padecen (ni siquiera registran o sufren los caprichos de sus hijos), sino que se conmueven y los miran embobados como si fueran la octava maravilla del mundo.

Cuando estos chicos vienen a nuestra casa, son los que caminan por los sillones con los zapatos embarrados, los que tiran la coca en el mantel, tocan todo lo que durante años preservamos de las manos destructoras de nuestros hijos (que no fueron malcriados),  hacen un escándalo y pataleo cuando ven un perro, como si fuera una jauría de dobermans atacándolo a muerte, hacen un berrinche por cualquier tontería, y le hablan a la madre, se le cuelgan del cuello, le tuercen la cara y le gritan al oído mientras ella imperturbablemente intenta mantener una conversación coherente con otra persona.

La madre solo atina, y sin ningún resultado, a decirle “ya vas a ver cuando le cuente a papá (o al cuco, o a tu abuela, o algún otro conjuro privado)” y sigue tranquilamente como si fuera música de fondo.

Son los chicos a los que querríamos atarles tres ladrillos al cuello y tirarlos a la pileta, en un arranque de odio pasajero, mientras nos prometemos que es la última vez que invitamos a los padres mientras vengan acompañados de ese personaje.

Pero con el tiempo, los chicos crecen, y con sorpresa vemos que aparentemente aprendieron a comportarse!!!  Dejan de venir por nuestra casa, si hablamos por teléfono son atentos, si los encontramos en la calle ya no hacen berrinches, y hasta parecen seres racionales. Casi casi nos dan ganas de felicitar a los padres, finalmente lograron doblegar a la bestia.

En realidad, esto es lo que parece, porque hacemos una mirada muy superficial.

Porque los malcriados tuvieron un aprendizaje y un entrenamiento exhaustivo y son maestros calificados en el arte de manipular a los demás y lograr casi siempre lo que quieren.

Cuando crecen y llegan a grandes, ya aprendieron a moverse en el mundo que los rodea. Dominan con una precisión de cirujano, el arte de manejar al otro en beneficio propio. Saben cuando sonreír, cuando chillar, cuando gritar, cuando llorar, cuando suplicar, cuando ser amables y atentos, cuando insultar o cuando agradecer. Son hábiles en el arte de detectar a las personas a las que pueden manipular, y logran, sea en el trabajo, en el matrimonio, con los amigos o en la calle, hacer que el resto corra y baile al compás de sus deseos. Consiguen casi siempre lo que quieren, y muchas veces se llevan los laureles de los esfuerzos de los otros, poco entrenados en ponerles freno.

Claro que a veces, también tienen problemas, se topan con algunos más malcriados que ellos, o con parte del sistema que es impermeable a los caprichos personales, y como tienen un umbral muy bajo de tolerancia terminan a veces frustrados o deprimidos.

Haciendo un balance costo-beneficio, y evaluando los posibles resultados (mayores logros con el mínimo esfuerzo), no sé si de tener una nueva oportunidad de criar a mis hijos, no hubiera sido mejor “mal-criarlos” un poco  más, a costa del pobre prójimo. (Por suerte, es tarde!!!)

Planteando esta hipótesis a los monstruos: “ser malcriados, si ó no?”, los comentarios fueron:

Para el más grande: NO, los malcriados de ayer son los deprimidos de hoy.

Para el del medio: … tonta!!!…  Porqué no me dejaste ser un malcriado? (Lectura entre líneas de madre: no está logrando lo que se propuso)

Para la mas chica: que tontería! (aclarando que de los tres es la que pudo haber sido una malcriada, de haberme agarrado un poco mas cansada y mas distraída).

Queda entonces planteado este interrogante y puesta esta hipótesis a consideración:  MALCRIADOS: SI ó NO?

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