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Parecíamos tan felices!

Pero el malestar aumenta, y el enojo crece a la par de la tristeza. Se empieza a pensar si es tan desubicado pretender que uno también tiene derecho a estar bien. Si por estar bien uno, puede causar dolor a los demás, aunque los demás solo sean tres personas.

Y empiezan las preguntas. Para ellos, ¿qué será más importante, vernos bien o vernos juntos?  Para ellos, ¿será fácil este ambiente tenso, aunque no haya discusiones ni peleas ni agresiones?…Ellos, ¿se darán cuenta que ya no nos reímos… que me voy a trabajar los sábados y los domingos… que no hay alegría en la casa? ¿Se darán cuenta que la madre no puede acercar la mano para hacerle una caricia al padre?… ¿Éste es el modelo de pareja que les estoy mostrando? …¿Éste es el modelo de vida que les estoy proponiendo… soportá,  aguantá, callá, resigná?.

Hasta que un día uno se da cuenta que las cartas están echadas. Sólo es cuestión de tiempo. Lo que antes se hacía imposible, no debo, no quiero, no puedo y no sé como hacer, se transforma en no sé si debo, pero si quiero, si voy a poder, y ya veré como hago.

Y se acerca el momento del inevitable  no va más… stop…c’est fini… finished…se acabó….Con mucha tristeza, porque uno sabe que es un proyecto fracasado. Por los chicos, porque fallamos. Por el otro, que pese a todo no termina de entender que pasó…. Por uno, que no importa todo lo que luchó, trató, peleó, intentó, nada de eso  sirvió. Estamos de a dos, pero me siento sola. Dicen que no hay peor soledad que la soledad vivida en pareja. Ahora si, hablamos todo. No queda nada por decir.
Cómo no me dijiste nada que te pasaba todo eso?… Te lo dije mil veces, no me escuchaste. No quisiste, no pudiste, no supiste escucharme.
Por qué no me dijiste que eran cosas tan importantes para vos?  … ¿??? …. Cómo pensaste que si te lo estaba diciendo no era importante para mi?…como valorás lo que te dicen?
Como no me gritaste, me golpeaste o me sacudiste….porque no me despertaste? Como llegamos a esto? No soy de gritar ni de golpear…no supe como despertarte. Entonces yo también le digo yo soy así.
¿Hay otro?….¿Es eso? ¿Hay otra persona en el medio?  No, no hay nadie. No es por nadie más, es por mí.

Como revertimos esto? Como volvemos atrás? Como recuperamos lo perdido?….  Querés recuperar lo perdido? 
Con dolor, con tristeza, con enojo, con furia…no, ya no quiero. Ya no quiero mas, solo quiero terminar esto.

Lo que sigue, es tristeza. Es mucha charla, hasta que ya no queda mas nada por hablar. A veces es enojo, a veces furia. Es miedo. Es poner toda la atención en los chicos, hablar con ellos, mirarlos de frente y de reojo, buscar expresiones, señales y gestos. Aunque no hace falta hablar demasiado, son chicos, no tontos. Algún día, van a entender.

Ya está decidido. Donde dos no quieren, uno no puede.

Es el final, nos divorciamos. 

 

 

 

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La vida se transformó en una trampa, ¿Siempre fue así? ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué nos pasó? ¿Quién tuvo la culpa?

Porque no fue siempre así. Antes era distinto. Seríamos distintos nosotros también? O simplemente no podíamos verlo, o lo minimizamos, o lo justificamos, o lo callamos? Quizás cambiamos. Quizás afloró el verdadero personaje que llevamos dentro.  Quizás dejamos de cuidarnos uno al otro. Quizás dimos todo por sentado. Quizás nos creíamos seguros. Quizás pensamos ya está.

Porque no siempre fue así. Hubo un tiempo en que uno era feliz, y no solo al principio. Lo bueno era muy bueno, y las pequeñas cosas que no iban, se callaban. Era la época de apostar a crecer,  de apoyar, de entender, de dejar cosas de lado. Era la época en que fueron llegando los chicos, y verlos crecer era increíble, era más que suficiente. Se podía dejar cosas de lado, se podía resignar algunas, se podía soportar otras, se podían suplir las que faltaban. Puesto todo en la balanza, se podía vivir bien. A veces muy bien, a veces no tanto. Esto es así. De algunos temas se podía hablar, de otros no se podía, y de algunos otros uno no se anima. Y va aprendiendo que hay veces que ni vale la pena hablar. El otro no nos escucha, o se escuda en que el otro es así. Genio y figura hasta la sepultura, diría mi madre.

Mientras, van pasando los años, crecemos todos. Crecemos nosotros, crecen los chicos, uno se ocupa demasiado de lo cotidiano, corre todo el día, vive y padece el  haber nacido argentino, trabaja, apuesta, pierde, sigue trabajando, se complica, se preocupa, se llena de problemas, y sigue trabajando, y lo cotidiano va tapando lo chiquito. En la corrida, nos creemos felices. Cada tanto uno vuelve a hablar de lo que se deja de lado, se resigna, se soporta o se suple, pero la respuesta sigue siendo siempre la misma, el otro es así. Ya te lo dijo mamá … genio y figura…  te olvidaste?…. Y  yo que?…y vos  nada…dejémoslo de lado, no es el momento, con tanto problema dando vuelta… Vos calláte y seguí.

Y un día uno se da cuenta que a veces aparece el enojo, que desde hace un tiempo ya no tiene tantas ganas de apoyar ni de entender, ni de aceptar, y que cada vez cuesta mas eso de dejar cosas de lado, resignar, soportar o suplir.  Que dejó de hacer algunos gestos de afecto, que algunas cosas ya no importan. Y lo peor, es que el otro parece que ni se da cuenta.

Parecíamos tan felices!

Uno se transforma en la gata-flora.

Puede ser que al otro, le esté pasando lo mismo, pero de esas cosas ya no se habla.

Poco a poco, ya no se habla de nada. Se empieza el día, escapando. Hace las cosas compartidas, como de memoria. Si es un día de trabajo, se refugia en eso, en lo cotidiano, los horarios y lo de afuera. Los espacios comunes, dejan de serlo. Quizás es el momento en que el otro empieza a percibir algo,  pero estamos a destiempo, y no le damos la posibilidad de acercarse, basta que entre por una puerta, para que salgamos por la otra.

Mientras, uno se sigue preguntando si se puede, si se debe. Pero no, todavía no se puede ni se debe. Aparece la tristeza y se siente que la vida es ridícula, que está todo mal, que todo es una farsa. Uno empieza a mirar alrededor, ahora quizás con otra mirada. Mira como funcionan las demás parejas, trata de entender lo que dicen entrelíneas, y solo ve lo negativo. De golpe somos una máquina de cinismo y ya no creemos en nada. Si vemos una pareja casándose, ahí mismo le vaticinamos final con fecha de vencimiento. Lo que nos pasa a nosotros, les pasa a todos. Nada tiene sentido.

Y se sigue cayendo mas bajo, nos gana la tristeza y el silencio. Viajamos juntos en el auto, pero cada uno mira para un lado distinto, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. El otro se hace invisible, aunque está ahí, quizás sintiendo como nos alejamos de a poco, capaz sin saber que hacer, capaz sin poder hacer nada. Quizás no quiera hacer nada. Tampoco le damos la posibilidad,  estamos en la vereda de enfrente. Nos miramos de lejos.

Pasan los días, terriblemente iguales, y parece que todo se trastoca: el lunes es el mejor día de la semana, y el viernes es el preludio de un fin de semana difícil. Si podemos irnos a trabajar sábado y domingo lo hacemos, siempre encontramos algo urgente por hacer, si nos proponen  una escapada o un viaje, no aceptamos, las excusas sobran: el trabajo, los perros, la casa. Uno le escapa a los momentos de enfrentarse y de intimidad, los dos en el mismo cuarto es demasiado. Un fin de semana largo es una pesadilla y si hay un feriado, por favor que caiga en domingo.

Uno se refugia en la tele, en la música, en los libros. Todas las canciones hablan de lo que nos pasa, todas las letras nos representan, con todas nos sentimos identificadas, pareciera como que las demás no existen, no las registramos. Empezamos a pensar que hay cosas que ya nunca mas vamos a vivir, y nos gana el desasosiego. Nos damos cuenta que para muchas cosas es el nunca más. Y el peso de ese nunca más, nos aplasta. Nos acordamos de muchas sensaciones que vivimos, y tomamos conciencia que es algo que nunca jamás volveremos a sentir en la vida.¿Infantiles? ¿Inmaduras?  Y deseamos tanto un abrazo, una caricia o un beso, que hasta duele. Pero no podemos hacer nada por acercarnos.

La vida se transformó en una trampa, ¿Siempre fue así? ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué nos pasó? ¿Quién tuvo la culpa?

Yo no. En ese momento,  eso creía.

Hay mujeres que logran formar parejas felices y otras que logran mantenerse en parejas infelices, por las razones que sean.

Y están las que no lograron ni estar ni parecer felices. Entre estas estuve yo.

Al principio es imperceptible, son pequeñas cosas o pequeños gestos. Uno los deja pasar, y a veces los justifica. Después es una sensación, un malestar que casi no se puede definir ni describir. Como que está en el fondo, un murmullo bajito. Se lo puede sentir, a veces se lo puede callar, y también, a veces, uno se puede engañar. Pero está.

Si uno lo puede hablar a tiempo, y si el otro lo puede escuchar y entender a tiempo, quizás haya salida. Sino, hay un camino lento, inexorable y sin vuelta. Termina siendo como una cuestión de supervivencia. Para que vos puedas ser vos, yo tengo que dejar de ser yo. Y así, a la larga no va.

Y llega el día en que uno se da cuenta que llegó a algún lugar, porque es verdad que uno llegó a donde se encuentra, con hijos, familia propia y ajena, que no corta pero pincha, propiedades (o no), emprendimientos en común (o no), y aunque en algunos aspectos se está muy bien, en otros se hace agua. Hasta que el agua llega al cuello.

Y piensa si eso es la vida. Eso es lo que pensó que iba a ser cuando tenía pocos años, cuando imaginaba lo que era la vida que vendría, lo que uno mismo mas la familia mas los amigos mas todos en general esperaban?  Y se pregunta si así va a ser el resto de la vida. Paren el mundo, me quiero bajar.

Entonces uno habla mucho consigo misma y a veces con amigas. Una se pregunta si está loca…. los chicos … la familia … los parto al medio. Piensa que no va a poder, que sigue creyendo en cuentos infantiles… que esto es la vida real, y que quién me dijo que iba a ser distinto. Algunas amigas le dicen “pensá en todo lo que tenés”. Uno piensa en todo lo que tiene. Otras le dicen que se acuerde del principio, que busque esas cosas que la enamoraron. Pero por mucho que uno busca, hoy no están. Y si están, están tapadas de otras cosas que no nos enamorarían, de momentos de desencuentros fuertes, de desamor, de tristezas y de enojos.

Pero se sigue pensando que no se puede, ni se debe, al menos por un tiempo más. Y mientras, no se soporta nada. Se pierde la paciencia. No se puede alargar la mano para hacer un gesto de afecto al otro. Le molesta todo, hasta la manera como come una empanada. Le molesta si hace algo, pero también le molesta si no lo hace. Uno se transforma en la gata-flora.

Pobre el otro. Puede ser que le esté pasando lo mismo, pero de esas cosas ya no se habla.

A mi me gusta estar en pareja. Creo que es el estado ideal.

Sé que hay infnidad de tipos de pareja, algunas parecen ser mejores que otras, pero no sé si serán, o solo parecen. Ninguna es perfecta, ninguna es repetible.

También sé que no todas las mujeres esperan lo mismo de la pareja, salta a la vista mirando un poco alrededor, entre conocidas y amigas.

Conozco algunas que no quieren saber nada con tener un hombre al lado. No quieren perder un milímetro del dominio de sus vidas, no quieren compartir 50 cm de su cama, ni el baño, ni el control remoto de la tele, ni hablar con nadie al desayuno. No quieren tener que preguntar si para la cena el otro prefiere ravioles o milanesas, ni tener que avisar aunque sea por cortesía, si llegan tarde. Para ellas, la vida es perfecta y el hombre algo que quedó en el pasado.

Conozco otras a las que les gusta compartir 50 cm de su cama, pero solo por un rato. Que las acompañen al cine, y si les pagan la entrada, mejor. Salir a cenar, o ir a una reunión. Pero no más. No quieren escuchar sobre problemas o dramas ajenos (dicen que alcanzan los propios), y tampoco necesitan alguien con quien compartir una pena o un problema, para eso está la terapia.

Conozco otras, que disfrutan del hombre que tienen al lado y de la pareja, hacen cosas juntos y hacen cosas separados, tienen buenos momentos de encuentro, y supongo que también tendrán de los otros, pero apuestan a la pareja,  y en el conjunto lograron parejas sostenidas en el tiempo con momentos felices. Ídolas!.

Hay otras que están resignadas en una pareja desgastada, pura rutina, no tienen ganas de nada con el hombre que tienen al lado, y hasta perdieron las ganas de tener ganas. Pero están cómodas, y si logran pasar unos años más en ese devenir de días apáticos, algún día vendrán los nietos y aire renovado.

Hay otras que no soportan la vida que llevan y se sienten atrapadas, pero no pueden hacer nada para salirse. Las supera el miedo y la incertidumbre y el creer que no van a poder solas.

Y hay otras que estando solas despues de una ruptura de la pareja, haya sido corta o larga,  a las que les gustaría volver a estar con un hombre al lado, o al menos bastante cerca.

Encontrar ese hombre, en los tiempos que corren, y estando todos (hombres y mujeres) un poco complicados (particulares?… poco pacientes?… muy exigentes?) …es todo un tema. No es fácil, pero tampoco imposible. Y si uno le pone un poco de onda, hasta puede ser divertido…..(divertido???)

Serrat dice en una canción: … “fue sin querer…. es caprichoso el azar… no te busqué ni me viniste a buscar….“,  y mi abuela, para lo que fuera, decía  “a Dios rogando y con el mazo dando”. Son dos maneras distintas.

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